11-05-2026Matilde García

Valentina Palavecino: diez años fotografiando en cámara lenta

Retratar para no olvidar. Bajo esa premisa, Valpa ha capturado la última década de la escena social, política y musical chilena, convirtiendo su archivo en un tesoro de la idiosincrasia chilena.

Faltan quince minutos para las cuatro de la tarde y la fotógrafa chilena Valentina Palavecino —cuya vida últimamente no conoce pausas— entra a la cafetería luciendo sus característicos lentes de marco negro.

Viene llegando de una prueba de color en la imprenta que dará vida a su primer fotolibro, “Cámara lenta”, una recopilación que recorre los primeros diez años de su carrera. “Las pruebas son solo un acercamiento, lo real es la máquina”, explica mientras se acomoda. Para ella, pasar al papel es un proceso fascinante, una materialización que la tiene expectante por su lanzamiento el próximo martes 12 de mayo en el City Lab del GAM.

Si hubiese sido por ella, Palavecino quizás habría lanzado su primer fotolibro a los dos años de comenzar su carrera. Es, como bien dice, el objeto al que aspiran muchos fotógrafos, y uno que le provocaba una inmensa ansiedad concretar. Pero por distintas razones de la vida, la idea nunca se ejecutó y los años fueron pasando. “Le perdí la ansiedad a crear un objeto. Simplemente me dediqué a hacer fotos”, dice.

Y así empezó, en sus propias palabras, a acumular. Lo que muchos no saben es que Valpa comenzó a armar su archivo personal mucho antes de dedicarse a la fotografía. Nacida en Puente Alto y criada en Quinta Normal, creció rodeada de mujeres. Su madre, su abuela y, más tarde, su hermana formaron el núcleo familiar en el que creció.

En su casa se escuchaba a Juan Gabriel, Sandro y Leo Dan. Pero también a Raffaella Carrá, Blondie y Daddy Yankee. “Mi abuela amaba el reggaetón”, asegura con nostalgia. “Yo tengo recuerdos de toda mi familia viendo su show en el Festival de Viña, cuando baja en una silla”.

Con su abuela iba a la feria y se perdía entre los colores y las texturas que se le cruzaban en cada esquina. Con su madre pasaba rodeada de amigas cuyas prendas y formas de vestir siempre llamaron su atención. Ya más grande, se acuerda de la revista Tú y de los pósters que pegaba en su pared, de las portadas de los discos y de los videos musicales que veía en MTV o Zona Latina. Se acuerda también de su diario de vida, de escribir y recibir cartas. De guardarlo todo, absolutamente todo.

No lo sabía entonces, pero esa fascinación por el entorno estaba forjando su imaginario. “Cuando me puse a hacer fotos, fue muy rápida la conexión”, dice.

20S: Terminaste estudiando fotografía en el Instituto Profesional ARCOS, ¿en qué momento tomaste esa decisión?

VAL PALAVECINO: Conocí a un par de fotógrafos; uno de ellos venía de la ARCOS. Me gustó mucho su mirada social a partir de la fotografía y cómo esta era casi una excusa para entrar a ciertas vidas, a ciertos lugares.

Durante esos años de formación, Palavecino asegura que terminó de enamorarse del ritual análogo. “Ahí aprendí todo. A medir la temperatura de los químicos, manipular otros rollos, ponerlos en el tambor para revelar. Ese proceso en sí, lo consciente que tienes que estar, eso me gustó mucho”, explica con nostalgia.

20S: Hoy sigues usando mucho ese formato.

VP: Sí, yo diría que es la base de mi foto. Está el análogo y después, en menor medida, el digital, solamente por esa inmediatez cuando las cosas se necesitan hoy. Pero si propongo un proyecto, siempre lo propongo en análogo.

Tras bambalinas

El sábado 5 de marzo de 2016, diez años atrás, la cantante chilena Francisca Valenzuela celebraba la primera edición de RUIDOSA Fest en la Fundación Cultural Providencia. Camila Moreno, Planta Carnívora y Marineros eran algunos de los nombres que conformaban la cartelera de aquel icónico encuentro. “Yo me acuerdo de haber escrito un mail en el que solicité poder ir como fotógrafa”, confiesa Palavecino.

La respuesta, sin embargo, fue negativa. Las acreditaciones se habían llenado y, sin un medio que la representase, iba a ser imposible que la dejaran pasar. Valpa asistió igualmente y sacó fotos desde el público, un ritual que replicaría en muchos conciertos y festivales más con el pasar de los años, y gracias al cual, de a poco, fue logrando insertarse en la escena.

Hoy, un retrato de Francisca Valenzuela, con quien lleva trabajando varios años, ilustra la portada de su fotolibro. Aparte de ella, Palavecino ha fotografiado a otras grandes figuras de la cultura pop local, entre ellas, Mon Laferte, Gianluca, Princesa Alba y Akriila. Pero el listado no termina ahí. La fotógrafa también ha estado presente en grandes festivales como Lollapalooza y Primavera Sound, en que ha retratado con su icónica Polaroid a cantantes como Rosalía, Ca7riel & Paco Amoroso, Dua Lipa y Caroline Polachek.

20S: Te defines como fotógrafa documental, ¿qué significa eso para ti?

VP: Soy consciente de mi entorno y quiero mostrarlo tal como está, sin modificarlo. Si la mesa está sucia, vamos con esa mesa sucia. Porque algo pasó aquí. Es una huella, un registro. Me gusta esta idea de ser un agente o una espía entre lo que está pasando.

Si la mitad de su carrera la pasó fotografiando a músicos, la otra mitad la pasó junto a figuras políticas de renombre. Una de ellas fue la exministra Camila Vallejo, a quien acompañó durante gran parte de su vocería en el gobierno de Gabriel Boric. Renunció tan solo unos meses antes de que acabara para seguir a Jeannette Jara en su campaña presidencial, una experiencia que recuerda con mucho cariño.

Por si todo eso fuera poco, Palavecino fue la encargada de retratar, junto a su colega Paloma Palomino, al presidente Gabriel Boric para la foto oficial.

20S: ¿Cómo viviste ese salto de los escenarios al Palacio de La Moneda? Son dos tipos de intensidad muy distintos.

VP: Yo creo que el training de los conciertos y de trabajar con músicos me dio intuición y un cierto ojo para los políticos. No es muy diferente acompañar a una autoridad que acompañar a un músico de gira. En el caso de Camila Vallejo, ella era muy querida en cualquier lugar al que fuera. Entonces llegábamos a un aeropuerto y había gente que quería sacarse fotos con ella.

Para Valpa , el verdadero desafío de la fotografía política estaba en seguir un hilo de formalidad sin perder su esencia. “Nada podía ser artístico, porque estabas representando a una institución, entonces había muchas fotos que se guardaban. Tenías que ingeniártelas. Representar la emoción de la gente, el cariño, la solemnidad, todas esas cosas. Ahí yo siento que entra el juego de cómo voy a interpretarlo”.

La foto viva

En las fotos de Valentina Palavecino las personas saludan y hacen muecas; se ríen, hablan y cantan. Se besan y se abrazan. Protestan, gritan, bailan y lloran. En las fotos de Valentina Palavecino las personas están cansadas, extasiadas, concentradas, tristes y, a veces, enojadas. También están felices, enamoradas y entusiasmadas. En sus fotos la gente está viva. Eso es, al final del día, lo que las hace tan especiales.

Lograr aquella naturalidad es, quizás, uno de los aspectos más complejos en la fotografía. En el caso de Valpa, la clave está en generar un lazo, un espacio de confianza que le permita derribar las barreras detrás de las que se esconde la gente.

20S: ¿Cómo vas formando esos vínculos con las personas que fotografías?

VP: Soy muy conversadora; intento siempre hablar. Estudio a las personas, me gusta ver entrevistas, tener algún tema de conversación de contingencia sobre el que podamos opinar, que podamos armar alguna discusión en el camino. Al final tienes mucho tiempo muerto, muchos momentos en los que podrías estar dialogando con esas personas, y me gusta hacerlo. También, obviamente, hay momentos en los que ellas están por su lado, y tú estás por el tuyo, pero me dedico a observarlas, a ver las cosas que les gustan, a conocer qué música escuchan. Siento que el lazo también se forma por el mismo tiempo. Con la Fran fue muy natural después de todas las giras, ya todos éramos muy cercanos. Con la ministra Vallejo, yo creo que fue la intensidad del cargo que ella tenía. Un mes en La Moneda se sentía como un año; estábamos como envejeciendo en años perro adentro; esa siempre era una talla entre nosotros.

Coleccionar el mundo

En su reconocida recopilación de ensayos “Sobre la fotografía”, la escritora y filósofa estadounidense Susan Sontag plantea que una imagen no solo registra la realidad, sino que dicta aquello que es importante recordar. “Coleccionar fotografías es coleccionar el mundo”, escribe. Podríamos decir, entonces, que durante los últimos diez años, Valpa ha estado coleccionando el mundo para llevarlo hacia nosotros.

La responsabilidad detrás de esta tarea es algo que Palavecino nunca se ha tomado a la ligera: “Mi visión es, por supuesto, una entre millones; sin embargo, pienso que algo me puso ahí”. Desde retratar la escena musical hasta la social y política del país, su archivo se ha convertido en un tesoro de la idiosincrasia nacional.

20S: ¿Cómo asumes esa responsabilidad en la práctica? Especialmente cuando retratas figuras de poder.

VP: Cuando eres fotógrafa, empiezas a entender que todo comunica. Cuando hago una sesión de fotos, me voy a preocupar del vestuario, de los objetos que van a estar alrededor. En la foto presidencial, por ejemplo, era muy importante ver qué fondo usar. A mí me causa ruido la cordillera, por ejemplo. Es preciosa, pero es fría. En este caso, era muy lindo pensar que podíamos representar a Chile a través del mar, porque une todo el territorio de norte a sur, y qué lindo que una foto pueda representar unión. Yo creo que enfrentarse a una imagen siempre es saber que la van a ver personas y que va a significar algo.

El registro B

Hace alrededor de cuatro años, Javiera Novoa —de la editorial Metalibro— le propuso a Valpa lanzar un fotolibro de Polaroids. A la idea se sumó la fotógrafa Paloma Palomino como editora. Sin embargo, el proyecto quedó en stand by hasta que, en 2024, se adjudicaron un Fondart para financiarlo. Fue entonces cuando finalmente se vieron enfrentadas al inmenso archivo que la fotógrafa había acumulado durante una década. Ahí comprendieron que debían mostrarlo todo.

Entre revisar, seleccionar, categorizar, buscar y rescatar, el proceso duró todo el 2025. “Lo que más demoró fue encontrar el archivo”, dice Valpa, que asegura que el 90% de las fotos son análogas, “fue una búsqueda física intensa. Muchas veces pensé que tenía perdido el negativo. Además, estaba en paralelo trabajando en La Moneda, y después con Jeannette Jara. Entonces fue intenso”.

20S: ¿Cuál fue el criterio detrás de la selección final?

VP: Las chiquillas quisieron pararse desde un punto no obvio. Quizás no la foto del afiche, sino el backstage de la foto del afiche. Ellas quisieron darle ese porcentaje de calidez, intimidad, cotidiano, pero a la vez con estos personajes. Es muy consecuente con mi narrativa.

Si bien el fotolibro está compuesto principalmente por las fotografías que Valpa le ha hecho a personajes públicos, también hay una parte reservada para su archivo más personal, una elección que le da un toque de identidad propia al libro.

20S: ¿Cómo fue, en términos emocionales, ir repasando este archivo de tantos años?

VP: Yo diría que fue cansador. Es una tarea de alto impacto emocional. Tenía que llegar de mi trabajo, a la noche, y hacer revisiones. Mis fotos son mi cotidiano, entonces convive ese concierto, la muerte de tu abuela o un autorretrato en una casa donde ya no vives. Me encontré, bueno, con la vida misma. Más allá de eso, fue un proceso profundamente hermoso, porque te hace revisitar y te hace mirarte. Estas fotos hablan de mí.

Cuando le pregunto a Valpa si el nombre de su fotolibro es un guiño a la canción de Javiera Mena, sonríe. “Se le ocurrió a una de las editoras, a la Paloma”, confiesa. La conexión es clara: al detenerse a escuchar la canción, la artista demuestra una fascinación genuina por la contemplación y la espera. “Hay mucho material que no se ha visto y que está ahí en el libro, que esperó y que ahora tiene su momento”, explica.

VP: Miré, observé, esperé y ahí está la foto.




174 visitantes

14 likes