10-08-2025Nota por Diego Chicano

Romina Homel: la primera colección

Atreverse a juntar aquello que no debería ir junto no es trabajo para cualquiera, y eso es lo que perfila a la diseñadora como una de las figuras más prometedoras del estilismo en Chile.

Uno de sus primeros recuerdos es estar perdida en un jardín lleno de flores, había algo en los colores y en las formas irregulares que le generaba intriga. Lo mismo sucedía con las piedras, ¿por qué este cuarzo es tan distinto a este otro? Desde que tiene memoria, su mente se ha concentrado en las materialidades y siluetas de todo aquello que le parece bello.

Con 21 años y tres desfiles en el cuerpo, Romina Homel Bertoni es estudiante de Diseño Industrial, se dedica al estilismo y a la confección de vestuario. Si bien su mirada se asocia a la moda, toda la vida se ha sentido atraída por aquellas cosas que sobresalen por su belleza. Su trabajo surge de observar lo cotidiano, de replicar objetos u obras de arte que vio; de un material que encontró en la ferretería o de una pieza de cerámica que reposaba en el fondo de una vitrina. Romina construye desde la intuición, el caos y de todo lo que ha dejado huella dentro de sí.

En su discurso pareciera que nadie debe quedar fuera: su mamá, su papá, sus hermanos, Rafita, Sebastián y Vicente, su tía Julia, su prima Rebecca, su abuela, la señora Aida, Enrique, Mel, Anto, sus docentes, Jazmín y Santiago y la lista sigue. De igual forma, así parece funcionar su cabeza a la hora de crear o darle forma a un proyecto. Nada puede quedar de lado si le llama la atención.

Dentro de la filosofía existe una teoría llamada “holismo”, que consiste en entender el mundo como un todo (en que todo está relacionado entre sí). No es propio de la corriente holística entender los elementos por separado, sino que son inseparables en un conjunto. Por esta misma razón, no es casualidad ver en los atuendos de Homel un vestido de papel de burbuja, piezas de cerámica como accesorios o una falda de madera, sobre una pieza de archivo o un textil noble. Para Romi, dentro de la moda todo puede funcionar de manera agrupada, y eso la hace ser la artista que es hoy.

El coleccionar

Su infancia estuvo marcada por los viajes entre la casa de su padre y de su madre, cada fin de semana Romina viajaba desde Las Condes hasta Las Rejas para reunirse con su familia paterna. “Ahí todos vivían cerca, íbamos a la casa de mi abuela, que está pareada con la de mi tía y al frente vive mi otra tía. Todo mi núcleo familiar estaba muy cercano”, explica. Al ser la única mujer de cuatro hermanos, encontraba un refugio en observar lo que hacían las figuras femeninas que la rodeaban. Sobre todo su tía Julia, que la llevaba a comprar a Barrio Meiggs o al Portal Edwards, ubicado en la Alameda.

20s: ¿Quiénes son las personas que encendieron este interés por la moda en ti?

ROMINA HOMEL: Siempre me metía a las piezas de mis primas y revisaba todo. Yo estaba en mi infancia y ellas en la adolescencia, entonces eran como referentes. Además, siempre fueron de coleccionar cosas, como stickers, lápices, papeles, pinturas. Y yo también quería formar parte de estas colecciones íntimas. Así que le rogaba a mi tía que fuéramos a Meiggs.

20s: ¿Y qué cosas te llamaban la atención?

RH: Ay, todo lo que venía empaquetadito. Todo lo que venía como en sus sobrecitos, todo lo que era como bello de ver. Todo. Jamás fui de muñecas. Siempre me fijaba en la ropa juvenil, miraba los peludos sin manga, las poleras con brillos o con lentejuelas.

Situándolos en la línea temporal, a principios de la década de 2010, los niños coleccionaban silly bandz o pulseras flúor, el indie sleaze estaba en pleno auge y los apliques metálicos decoraban la ropa de los adolescentes. “Me acuerdo de un negocio de tacones al que siempre íbamos, para mí parecía una tienda de lujo, cada uno era distinto y yo me los probaba todos”, relata, “yo le preguntaba a mi tía: ‘¿tú crees que mi mamá me deje ocuparlos?’ y ella me respondía ‘cómpralos no más’”. Ni por parte materna, ni paterna existieron los límites a la hora de vestirse, y tener su ropa dividida entre dos casas le permitió crear y experimentar.

Dejar huella

A lo largo de toda su vida, Romina destacó entre sus pares a través de su vestimenta, pero no fue sino hasta hace tres años que transformó ese impulso en una vocación. “Fue gracias a mi pareja de ese entonces, que me ayudó un poco a abrir los ojos y a poder dedicarme a lo que me gusta de manera profesional. Más que nada me incentivaba, me decía ‘tú tienes ese talento, ese ojo’”, a eso se sumaban los constantes elogios por sus tenidas experimentales, que poco a poco empezaban a volverse una marca personal.

La estilista quería proyectar su visión y su sello en otras personas, por lo mismo empezó a contactarse con artistas urbanos o con sus amigos que participan de la escena emergente. Asimismo, cursó dos talleres de estilismo por Jazmín de las Flores y Santiago Herrera en Foto Design.

RH: Ambos me entregaron demasiado cultivo y muchas herramientas para poder canalizar lo que yo quería y que no se convirtiera en una ensalada. En el fondo, a mí siempre me gustó el poder ordenar las cosas y que se vean armónicamente entrelazadas, pero ellos me enseñaron a transformar lo que uno tiene en mente, que me costaba mucho. Eso me llevó también a tener contactos profesionales, porque yo no sabía el mundo y la labor que conllevaba esto: ¿Qué es lo que se hace para contactarse con gente? ¿Qué puedes decir? ¿Cómo uno cobra? A mí solamente me interesaba vestir. Pero ahí empecé a cachar que, claro, se puede profesionalizar y generar proyectos con figuras que en ese tiempo, y hoy en día, admiro.

Fue en enero de 2024, que vistió a Akriila para una editorial de la revista JOIA. En ese momento, se dio cuenta de que su carrera profesional había iniciado. Un año y medio después, Romina explica que lo que más rescata de su trabajo es rodearse de gente que le inspira y que admira. “Creo que todas las cosas que me han pasado en estos últimos cuatro años han sido muy claves y también las personas que he conocido, todas me ayudaron a impulsar algo. Y con respecto a los que se han ido, me dejaron enseñanzas. Y eso lo rescato”.

Color, material, textura y forma

Se podría decir que trabaja bajo la contradicción, se mueve con soltura entre las tonalidades, las telas y las siluetas de la ropa que, a primera vista, podrían parecer disonantes. En sus manos, todo se articula con una lógica interna en que logra entenderse entre medio de ese aparente desorden, y desde ahí mismo, construye. “Soy muy busquilla”, confiesa, “puedo ver algo muy pequeño en medio de un montón de ropa, como un brillito o una tela, y saber inmediatamente que va a funcionar puesto en escena, en persona, o lo imagino ya fotografiado”.

20s: ¿Cómo aparecen estos elementos -fundamentales- en tu obra?

RH: Para mí, los colores son un desafío. Me gusta romper la lógica de las paletas que deberían combinar. Siempre quiero meter algo que destaque, que sobresalga, pero que, al mismo tiempo, no rompa con la armonía del conjunto. Se puede crear una caracterización o una performance dentro del estilismo a través de un textil en base a materiales que quizás son más industriales o no convencionales. Me gusta ver cómo el cuerpo se posiciona en una incomodidad. Creo que eso me llama mucho la atención también.

Bajo su rubro académico ha heredado un gusto por el patronaje y los módulos geométricos, que se permite aplicar libremente en sus trabajos. Le interesa cómo una forma -a veces tomada de una casa, de un edificio, de un mueble o, en resumidas cuentas, de lo que sea- puede migrar a la ropa y funcionar como una silueta.

RH: Voy agarrando cosas de mi taller, que es como una explosión de materiales, de textiles y prendas de autor, de segunda mano o de selección. Creo que junto todo eso y lo llevo a un cuerpo y voy poniendo pieza por pieza.

20s: Vuelves un poco a la Romi chica que estaba en Meiggs juntando las cosas que compró.

RH: Sí, de chica siempre jugaba e inventaba cosas, me vestía y me imaginaba distintos escenarios.

Traer el desfile

Quizás, para Romina, no se trata solo de vestir, sino de montar una escena visual, vinculada a aquellos objetos o momentos que aparecieron en su vida. Sin embargo, lo que empezó en su cabeza, ahora camina.

Fue en diciembre de 2024 que la estilista recibió una propuesta por tres estudiantes de arquitectura de su universidad: realizar un desfile dentro de un pabellón de papel de burbujas. En menos de un día, confeccionó 8 looks en base a materiales industriales que dialogaran con el espacio “100 metros de burbuja”. Meses después recibió una llamada del espacio de encuentros Catarsis para realizar la dirección creativa y la curatoría de marcas para el desfile “In Situ”. Para esa ocasión construyó un set design en que los modelos interactuaban con el entorno: “Fue mi primer acercamiento con marcas, yo no sabía tampoco cómo alentarme a eso, el profesionalismo me daba un poco de miedo, pero a la vez pensé ‘tengo que darle’. Puedo ser chica, pero tengo las ganas y el talento para hacerlo”, cuenta con orgullo.

Por último, el desfile en Crash Gallery -el 12 de julio de 2025- no fue solo la primera colección de la diseñadora, fue la declaración de una nueva intención: empezar a diseñar vestuario.

20s: Y el último desfile de Crash Gallery, ¿ese es confección tuya?

RH: Sí, esa fue una colección que hicimos con mi madre, con la ayuda de Ceblin. Bueno, a mí me dijeron que el desfile iba a ser junto a otros diseñadores más, y que la propuesta era un poco más performática y a la vez que querían diseños más sobrios, con colores más neutrales. Sin embargo, no me veo generando paletas tan monocromáticas y unificadas.

20s: Muy lejos de lo tuyo.

RH: Sí y a la vez cerca, porque ignoré un poco todo lo que me dijeron y quise hacer lo que me gusta. El poder agregar este pop de color a estas paletas más neutras. Ahí hice mi primera colección de cero, eran cinco looks con textiles más industriales, confeccionados con ayuda de mi mamá. Y el último era una tela que cambiaba de color.

Para ahora en adelante, no hay planes rígidos. Romina quiere terminar su carrera y perfeccionar su técnica en confección de vestuario. Asimismo, tiene intenciones de generar un espacio físico y abierto al público para mostrar su trabajo y generar diálogos críticos en torno a la moda.

20s: ¿Y son los desfiles el principio de una era?

RH: ¿Quién lo sabe? Quizás puede ser, quizás no. Creo que es algo que me lo va a mostrar la vida más adelante o quizás ahora. Creo que las cosas sí se están dando de la manera que quiero. Chile ya está viendo que hay nuevos diseñadores y artistas emergentes. Quizás estoy dentro de lo que la escena chilena está comentando.

Según ella, la única certeza que tiene es que quiere seguir haciendo, seguir creando y seguir rodeándose de personas que entienden lo que dice a través de los colores, los materiales, las formas y las texturas.

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