09-11-2025Diego Chicano

Rocío Mascayano: hablar de amor

Si hay algo que moviliza a Rocío Mascayano, es el amor. Y éste, para ella, está en todos lados. El amor está en su trabajo, está en sus hogares itinerantes, está en sus amigos, está en su familia y está en sus recuerdos. El amor siempre está, porque Rocío ama amar.

A los 15 años, Mascayano decidió acompañar a un amigo a trabajar al Hotel W Santiago. Quizás fue por su personalidad magnética, o quizás por la simpleza encantadora de su sonrisa. De cualquier manera, ese día un hombre se le acercó a conversar. Nada más y nada menos que el reconocido pintor Claudio Herrera. Lejos de tener claro el panorama artístico en Chile, Rocío le dijo que quería saber sobre arte. Quería saberlo todo.

El primer consejo fue que debía mirar. Mirar, mirar y mirar. Nunca detenerse y siempre buscar inspiración en todo lo que se le apareciera. El segundo, que la academia no era estrictamente necesaria. A la edad de la joven era difícil pensar que una simple conversación con un extraño pudiera cambiar su vida, pero así fue.

Empezó a tener un intercambio epistolar semanalmente, acompañado de una conversación por Skype: ¿Qué viste esta semana? ¿Te gustó esta obra? ¿Qué opinas de lo que te dije? Rocío, oriunda de Peñaflor y oscilando por Maipú, encontró casualmente un mentor, pero también se dio cuenta del talento que no sabía que tenía dentro.

Su primera frustración fue no tener un taller, a lo que Herrera le respondió que no tuviese excusas mediocres. Así, Rocío esperaba todos los días a que se desocupara el comedor de su casa para hacer collages y empezar a trabajar la composición.

Doce años después, la fotógrafa transita por el mundo en búsqueda de nuevas historias. Su capacidad de conectar con la gente y de hacer de un evento casual una editorial de alta costura la ha llevado a trabajar para la maison francesa Jean Paul Gaultier; el ícono global de la cultura deportiva, Adidas; e incluso para la hija de la princesa de Mónaco, Pauline Ducruet. En amar el oficio ha hallado una respuesta a todo, una posibilidad de enorgullecerse de la identidad latinoamericana que intenta plasmar en cada uno de sus trabajos.

Dos días antes de reunirnos, Rocío subió una historia que decía textualmente: “Si me preguntaran en la entrevista más importante de mi vida qué es lo que necesito para ser feliz, ésta sería mi respuesta”, junto a la foto de una empanada con pebre. Probablemente, esta conversación entre Rocío y yo no sea la más importante de su vida, pero hay algo en ese alimento que ofrece cierta estructura a esta edición de 20S. Es ahí, en esa comida, en lo que radica su éxito. En honrar su identidad y sus raíces, a pesar de haber cruzado el charco.

Desde Peñaflor hasta París, desde un motel en decadencia hasta la portada de una maison, Mascayano ha demostrado que la belleza no reside en lo perfecto, sino en lo errático, lo defectuoso y lo latinoamericano.

Forever reblog

A los quince años conoció por primera vez a su padre. Lo contactó a través de Facebook y entendió que las ganas de crear venían de ese lado de la familia. Sin embargo, fue su madre —quien siempre confió en el talento de su hija— la que, al ver su interés en el arte y los collages que hacía, decidió regalarle una cámara.

Había algo que la hacía sentir atrapada en su ciudad natal; parecía ser la única mujer lesbiana, soñar en grande no estaba permitido y los más de treinta kilómetros que la separaban de Santiago se transformaban en una frontera invisible para cualquier deseo de libertad. Esa distancia, sin embargo, la obligó a crear con lo que tenía a mano, a inventar un mundo propio desde el margen. En esa búsqueda encontró un refugio en Tumblr, una red social que acercaba la creatividad y el arte a aquellos que se sentían desplazados.

20S: ¿Qué te llevó a mirar el mundo de la manera en que lo ves hoy?

RM: Siempre lo miré desde lo márgenes, por mi sexualidad, por vivir en un espacio en el que nunca correspondí, por factores geográficos, porque vivía lejos de todo y tenía que viajar constantemente. Nunca correspondí, siempre me sentí ajena. Mi profesor jefe del colegio me dijo: “Tú no puedes ser fotógrafa, te vas a cagar de hambre, ¿quieres terminar como el hueón que saca fotos en el colegio?”.

20S: Pareciera que el margen es algo bien representativo y muy presente en tu obra.

RM: Mi trabajo se trata de encontrar esos espacios en que yo me sienta representada, no solo mi yo de ahora y sino que la del pasado también. Ahora siento que estoy dentro de la sociedad, pero cuando era más chica era una hueona rara.

Su cámara point and shoot la llevó a hacer retratos de sus amigos en el sector industrial que hay de camino a Santiago, y esas producciones terminaron siendo un éxito en Tumblr. Mientras sonaba Grimes o Crystal Castles, Rocío iba generando una audiencia cada día más grande que elogiaba su obra. Esa fama en internet la llevó a dos conclusiones:

1. Quería dedicarse a la fotografía.

2. Pareciera que pertenecer al margen no era una condena, sino la oportunidad de desarrollar un lenguaje propio.

RM: Tuve gente muy bacán a mi lado que apoyó mucho mi trabajo desde chica. En ese entonces era la pendeja revelación, así que me puse a trabajar con gente brígida.

Asistir

Una de las herencias que dejó Herrera en Rocío fue el aprender desde la práctica. Al salir del colegio, decidió que no iba a estudiar y le prometió a su madre que en menos de dos años estaría trabajando. Para eso empezó a asistir al fotógrafo chileno Juan Queirolo, que en ese entonces tenía una vasta trayectoria y realizaba editoriales para las revistas Cosas, Cosas Couture, Mujer y Cosmopolitan, entre otros espacios que resonaban en la época.

20S: ¿Cómo entraste a la industria de la fotografía profesional?

RM: Aprendí el tecnicismo de la foto asistiendo, yo era asistente de Juan Queirolo. Y este gallo me agarró, sin yo saber nada. Me permitió aprender de él. Entonces empecé a trabajar, porque tenía claro que acá habían pocas escuelas de foto y pensaba, “cómo voy a hacer a mi mamá pagar una universidad que más encima es mala”.

En un momento se contactó con el fotógrafo Pedro Quintana, pues lo admiraba profundamente. Sin embargo, no recibió la respuesta que esperaba: “Conozco perfecto tu trabajo, sé quién eres, pero no sigas asistiendo”. Fue su ídolo de ese entonces el que la invitó a pensar más allá, casi como si se repitiese la historia del pintor.

RM: Dejé de asistir, pero estuve mucho tiempo sin pegas pagadas hasta que hubo un momento en que iba de vuelta a Peñaflor y no tenía plata para pagar el pasaje. Ahí me dije a mí misma: “Ésta es la última vez que va a pasar esto. A trabajar”.

Con un par de meses de trabajo independiente en Chile, pocos ahorros y un portafolio excepcional para su edad, Mascayano dijo: “Si quiero aprender, voy a mirar a los mejores”. Por ello, emprendió un viaje a la capital francesa con la intención de conocerse a sí misma y de plasmar su perspectiva latinoamericana a la escena fotográfica de París.

Explorar el territorio

Tras cuatro meses en Europa, Rocío decidió volver, pero no pensaba mantenerse estática en casa. Lejos de la fascinación eurocentrista, no logró convencerse del todo de la propuesta occidental y se mantuvo buscando en cada uno de sus trabajos algo que reflejase un poco de casa.

20S: ¿Y después empiezas una vida de travesías sudamericanas?

RM: Sí, empecé a viajar mucho y hubo un lugar en especial que me cambió la vida. Mi mamá me invitó de vacaciones por primera vez, ella no ha viajado nada y me dijo “vamos a Cuba”. No sé por qué se le ocurrió, pero nos fuimos. Llegamos y pasó algo dentro mío, nunca me había hallado tanto como en ese lugar…

20S: Igual es un territorio complejo.

RM: Es enormemente complejo, pero es mi lugar favorito en el mundo, aparte de Peñaflor. Mi trabajo siempre ha tenido una modalidad de “lo veo, lo quiero, lo hago”, y me acuerdo que fuimos a un bar que se llama Roma Habana, y el baño era un lugar precioso, tenía sillones de terciopelo rojo, muy cubano, chungo, pero hermoso y sin intencionalidad de serlo. Me fascinan esas cosas que son lindas sin querer serlo. Bueno, agarré a un gallo del bar y le hice unas fotos.

20S: Seis años después volviste por un periodo más largo e hiciste un cortometraje, cuéntame un poco de eso.

RM: Sí, “Elogio de la Sordez”. En Cuba está la Escuela Internacional de Cine y Televisión en San Antonio de los Baños, que fundó Gabriel García Márquez con respaldo de Fidel Castro. Dije, por qué no estudiar algo si voy para allá. Justo había un workshop de cine documental con una directora que se llama Amanda Sans Pantling, que es increíble.

En tres semanas debía desarrollar un corto abordando una temática que pudiese documentar. Comúnmente, los alumnos que toman aquel taller tienden a filmar el pueblo textil, también llamado Comunidad Ariguanabo, pues queda cerca de la escuela. Sin embargo, Rocío quería ver cómo funcionaba el mundo drag en un país con escasez de recursos. Dicho y hecho, se consiguió un taxista que la llevó hasta Güira de Melena, una pequeña ciudad con dinámica rural en que había shows de drags. Se alojó con un poeta gay que vivía en la zona e incluso recibió un reto por parte de la directora de la escuela, pues bajo su punto de vista era sumamente peligroso su accionar.

“Elogio de la Sordez” relata cómo es vivir una noche en un club drag en medio de una ola de calor. El proyecto respira el aliento de Mascayano: una mujer, una extranjera, una marginada, mirando cómo sujetos, que también son marginados, viven un día común en su vida. “Mi protagonista me abandonó. No me respondió más porque me dijo que tenía que cuidar a su hermano. Quería hacer algo mucho más lineal, como comparar la vida real de esta persona con su otro mundo. Debí reformular el documental desde mi punto de vista, de cómo lo viví yo y cómo me sentía ahí”.

20S: ¿Y cómo fue irse de la isla?

RM: Cuando salió el avión de Cuba, yo lloraba. O sea, yo veía la isla y no paraba de llorar.

Llegará lo bueno

A partir de esa experiencia reformuló su vida, y emprendió rumbo hacia el espacio que sería su hogar. “Si tú recibes la ciudad con amor, te dará amor a ti”, dice Rocío. Durante meses, amigos, conocidos y familia le dijeron que quizás el destino ideal no era París: que el arriendo es muy caro, que la gente es mala onda o que cuesta un mundo encontrar departamento, entre cientos de otras cosas. Si hace cinco años había vivido unos cuantos meses, esta vez la estadía sería un poco más larga, e incluso, indefinida.

Tan solo un par de días se demoró en encontrar arriendo. Si bien no es una ciudad que amaba profundamente, debía volver para seguir con su misión de mirar a los mejores fotógrafos del mundo. Con respecto a los comentarios, según ella, fue todo lo contrario.

20S: ¿Y cómo empezaste tu trayectoria allá?

RM: Comencé con editoriales muy latinas, intenté que todo pareciera Cuba, porque en un inicio no me gustaba nada de lo que veía. Busqué casas y modelos que respondieran a mi estética e intentaba moverme en eso. Sin embargo, llegó un momento en que me quedaban tan solo tres días en el departamento que me estaba quedando y aún no tenía nada. Mi mamá me decía que me devolviera, pero yo sabía que tenía que esperar.

Hasta que casualmente apareció una historia de Instagram en que había una habitación en arriendo. El presupuesto se escapaba un poco de sus manos, pero según la artista, su intuición no falla y sabía que había algo en ese departamento que le traería cosas buenas. Tomó el riesgo, y sin saber si podría pagar el siguiente mes, le habló a las chicas que lo arrendaban. Solo bastaron unos días para que en ese departamento apareciera la mejor amiga de su roomie, quien trabajaba nada más ni nada menos que como PR de Jean Paul Gaultier.

Rocío empezó a trabajar esporádicamente con la maison francesa, y su rol era simple: los artistas iban a visitar el atelier y ella debía fotografiarlos. En ese momento se dio cuenta de que su trabajo era bien valorado en Europa.

RM: También me pasó que tenía una conocida, Harmony, que subió que necesitaba un fotógrafo y, sin mucha información al respecto, le envié mi portafolio. Ese mismo día me llamaron de Adidas para ir a tomar fotos a un showroom VIP con A$AP ROCKY. Empecé a trabajar para ellos y me dejaban hacer lo que quisiera, porque confiaban en mi ojo. En este departamento me pasaron muchas cosas, la dueña era la hija de la princesa Stephanie de Mónaco, Pauline Ducruet. Mi roommate era amiga de ella, de Pauline Ducruet. Así que yo, tres días antes de volver a Chile, estaba en la casa de la familia real, andando en un auto escoltado, haciendo una campaña para su marca.

Volver

No hay duda de que su vida se sentía como un sueño, pero es difícil disfrutarlo al cien por ciento cuando el corazón está en casa. Entre la primera vez que habitó París y la segunda, Rocío no pudo dejar de pensar en la idea en que su abuela podía morir mientras ella estaba lejos, lo que la hacía cuestionarse si realmente era eso lo que quería. En medio de un daydreaming, sucedió lo que tanto temía.

RM: Dejé de hacer fotos. Perdí todo, perdí mi rumbo. Estaba en París y de un momento a otro la persona que más amo se fue. Yo nunca quise irme de Chile tanto tiempo porque me daba miedo que ella se muriera cuando yo no estuviera. Viví todo ese duelo allá y cuando llegué, lo viví nuevamente al darme cuenta de que ya no estaba. Dejé de hacer fotos y dejé de enamorarme, de todo, de la vida, de mi trabajo, hasta hace poco. Estaba en una disyuntiva entre volver a París o quedarme acá, y ahora dije “estaré un rato acá” netamente para conectarme con el presente, porque solo podía pensar en el futuro.

La fotógrafa que lleva en sus manos grabada –en tinta y en plata– la palabra amor perdió su motor y andar. Qué complejo es dejar de enamorarse cuando se es un romántico empedernido.

RM: Hay gente que dice que cuando uno está triste te movilizas mejor y me ha pasado, pero nunca había tenido una tristeza tan grande, que te bota al piso, te paraliza. Nunca, nunca, nunca, y yo sabía que cuando mi abuela se muriera iba a ser así. Ahora volví a amarme, porque durante toda mi vida hice todo para ella, todos mis logros eran suyos, y de un día para otro me despojaron de eso. Apenas llegué para acá, mi mente gritaba todo el rato “me tengo que ir, me tengo que ir”, y no lograba conectar con nada. Hasta que encontré un motel en el centro que está hecho mierda pero tiene una arquitectura francesa fabulosa, y se me ocurrió la idea de hacer fotos ahí. Empecé a ir, a investigar, iba como una vez a la semana, me aprendí el nombre de todas las personas que trabajan en el negocio. Logré concretar un proyecto que aún no sale, pero representa mucho la madurez en la que estoy en este momento. Ahí dije, “me volví a enamorar de esta hueá”, logré encontrar el se

20S: Y eso te hace una romántica…

RM: Soy una romántica.

20S: En todo tu trabajo hay mucha relevancia puesta en el amor, no solo romántico, el amor al territorio, a tu país, a la identidad latinoamericana, a los equipos de trabajo, a la creatividad, al arte… tienes millones de amores, ¿cuál es tu relación con él?

RM: Creo que ya recorrí gran parte de las cosas que quería, he trabajado mucho para estar donde estoy y para lograr que se reconozca y valore mi obra. Ahora que estoy más tranquila me he permitido hacer solo trabajos que ame, en que me enamore, como el motel del centro. Me di cuenta de que no me apasionaba la moda y entendí que me gusta encontrar estos personajes de los que me enamoro y busco enamorarme de ellos. Últimamente ya no trabajo con modelos de agencia, trato de hacer street casting, es una de las leyes que me pongo.

Ese es su punto de partida. Trabajar en cosas que le hagan sentido. Para ella el amar es todo, amar el amor, ser amada y amar. En el oficio del periodismo se recomienda no repetir las palabras más de una vez en un párrafo, pero se hace un tanto imposible cuando ese concepto lo explica todo.

RM: Me di cuenta de que el amor lo era todo. Desde ahí se construye todo. Los vínculos se construyen desde el amor, los límites también y así el trabajo. El amor es la coherencia contigo mismo. A medida que tú eres más coherente, te escuchas y estás más conectado, todo lo demás que viene es amor. Me pasa que soy una persona que amo mucho, amo todo y amo esto que está pasando ahora.

Porque para Rocío Mascayano, todo empieza —y termina— en el amor.




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