¿Es posible sentir nostalgia por algo que nunca vivimos? En el universo creativo de Madximiliano, la respuesta no solo es afirmativa, sino que es un manifiesto. Su obra, a través del vestuario, conceptualiza una melancolía prestada, una memoria que no le pertenece, pero que adopta como si siempre hubiese estado ahí.
Durante su niñez y adolescencia, Maximiliano Vásquez se dedicó a mirar con atención y estudiar todo lo que sucedía en la escena cultural juvenil. Las estrellas pop creaban universos estéticos a otro nivel y su tarde ideal era mirar videoclips en MTV o Vevo. Siempre fue el más pequeño de su grupo de amigos del condominio. Cuando el estilista tenía diez años, el resto tenía 15 o 16, lo que le impedía participar en los panoramas de adolescentes.
Es bastante distinto crecer en 2025 a vivir la juventud en los años 2000. Actualmente, las tendencias que se propagan por TikTok ofrecen a los niños una mirada bastante más pulcra y conservadora que quince años atrás: “Siento que hoy en día estamos súper encasillados, todo es muy aspiracional y eso nos limita a la hora de crear”, dice Maxi.
Mirar la juventud quince años atrás era sumergirse en un estilo más caótico, en que a los famosos no se les exigía ser referentes perfectos. Semana a semana, los paparazzis captaban a las estrellas de Hollywood en sus peores momentos, y más que generar repulsión en aquellos que aún estaban en desarrollo, la rebeldía era digna de admirar.
Hoy en día, Vásquez, más conocido como Madximiliano, se posiciona como un referente a nivel nacional con respecto al estilismo y la dirección creativa. Desde hace un par de años supo anticiparse al revival mundial que estaba teniendo la estética hedonista que surge a finales de la década del 2000. Por ello, hoy puede considerarse un ícono del indie sleaze y del avant-garde en Chile, pues se distingue por introducir ideas nuevas e innovadoras que rescatan la unicidad de lo outsider, rompiendo con las tradiciones y convenciones establecidas.
Si bien su formación académica radica en la publicidad y gestión creativa, durante los últimos años se ha concentrado en el área del vestuario. Oscilando entre el retail, la publicidad, lo editorial y el vestuario musical; su obra celebra la juventud y el mundo underground. Pero detrás de este estilismo, que podría confundirse con un simple capricho generacional, se esconde una reflexión más compleja: revivir aquellas noches que miraba desde lejos y reinterpretarlas a su manera.
Late 2000’s, early 2010’s
El vestuario apareció como elemento fundamental en su vida desde que tiene memoria. Durante la niñez se dedicó a vestir a sus muñecas y, a medida que iba creciendo, miraba la industria pop con admiración. Es imposible negar que las primeras dos décadas de los años 2000 dejaron una serie de himnos que marcaron a una generación completa. La estética de los videos musicales de Gwen Stefani, Kesha, Crystal Castles y Lady Gaga definió –sin lugar a duda– un canon visual para aquellos que, como Maximiliano, entendían el mundo a través del vestuario.
En internet encontró una nueva escuela. Desde niño fue muy aplicado y metódico para estudiar, por lo que cada videoclip o blog en la web le permitía ampliar sus conocimientos sobre aquello que le interesaba. En su adolescencia, plataformas como Tumblr y Fotolog fueron determinantes en la construcción de su mirada: ahí forjó una identidad digital que más tarde influiría profundamente en su estética y en la manera en que entiende la creación.
20S: ¿Cómo llegas a ser el artista que eres hoy?
MADXIMILIANO: Siempre tuve un gusto por lo estético. En la adolescencia desarrollé un interés por el mundo visual y el vestuario conceptual. Fui muy nerd con eso, porque mi vida es gracias al internet. Cuando era chico no tenía tantos amigos a los que les gustaran las mismas cosas que a mí. Entonces conecté todo por internet, desde los 11 años que estoy online.
20S: Bueno, el Indie Sleaze tiene una presencia muy fuerte en tu trabajo, por no decir que lo es todo. ¿Dónde aparecen estas ganas y este despertar de traerlo de vuelta?
MX: De mí mismo, desde chico. Cuando lo miraba no tenía la edad para andar fumando o carreteando. Como te contaba, tenía amigos más grandes, pero yo me quedaba en la casa. Era como: “Ya, van todos, menos el Maxi”. Llegaban después del carrete, curados o pasados, y yo quedaba como: “Pucha, no fui, me lo perdí todo”.
Según el artista, siempre vivió esa adolescencia caótica desde lejos, pero a la vez presente, pues era capaz de captarlo todo sin poder participar: “Ahora lo que hago es hacer feliz a ese niño. Traerlo de vuelta”. Su conocimiento en profundidad de la música, la cultura, las celebridades, la ropa y las tendencias de esa época le han permitido transmitirla de una manera fiel y representativa a través de las editoriales de moda en las que participa actualmente.
Memoria y método
Si se definiera en dos palabras, serían caótico y mateo. A lo largo de su vida, ha sido altamente académico y extrapola este aspecto a todas las áreas de su trabajo. Si se obsesiona con algún artista, lo investiga. Si le gusta una prenda, hace un research exhaustivo de la marca. Si hace una editorial, toma las riendas con respecto a detalles que se escapan de su cargo. A lo largo de sus años de formación y trabajo en publicidad, Maximiliano se sumergió en el análisis de tendencias y el estudio del consumo visual. Asimismo, trabajó seis años en dirección y comunicación de moda en retail, lo que le entregó una serie de herramientas para metodologizar su trabajo.
MX: Siempre aconsejo a la gente más joven que, si pueden estudiar, que lo hagan. El cartón no lo es todo, pero te da estructura: le da sentido a lo que haces. Si te dedicas a una disciplina artística, haber estudiado comunicaciones o algo relacionado te va a ayudar mucho.
Su proceso creativo se basa en la investigación que, según él, le permite tomar decisiones claras y estar seguro de lo que hará. Es un proceso más largo y tedioso, pero al trabajar con empresas o proyectos es clave. “A veces me preguntan: ‘¿Por qué te demoras tanto?’ Es porque tomo todas las decisiones en base a eso. Cuando siento que ya investigué lo suficiente, tengo claro que no se me escapa nada”, explica, indicando que esa forma de operar ha sido fundamental en su carrera.
Parte de su metodología y gestión profesional la aprendió de su mentora Bernardita del Solar, una de las productoras de moda con mayor trayectoria a nivel nacional. Fue ella quien lo indujo a investigar sobre el mundo editorial en Chile en la segunda mitad de la década del 2000, lo que permitió a Maximiliano hacer un compendio de distintas producciones de moda de la época.
MX: Ella me presentaba amigas de la industria y yo las buscaba en Flickr. Encontraba cosas increíbles. Te juro que las campañas, las editoriales, las fiestas, los eventos, todo lo que se hacía en esa época era muy rico en cultura y propuestas.
20S: Había más presupuesto en el área editorial.
MX: Sí, había más presupuesto. No existían los influencers. Todo se concentraba en la comunicación y la fotografía. Eran otros tiempos. Y ahí me puse a averiguar un poco sobre lo que pasaba en Chile en esa época. Me di cuenta de que las marcas en ese entonces estaban más abiertas a experimentar.
20S: Tomando en cuenta que eres publicista, ¿qué relevancia tiene la publicidad hoy?
MX: Siento que hoy en día estamos súper encasillados, todo muy aspiracional. Y eso nos limita a la hora de crear/, porque solo se valora lo que se ve lindo o lujoso. Y no es lo que los jóvenes quieren. Ellos buscan explorar nuevas áreas, poner temáticas sobre la mesa o sus propias culturas.
En solitario
Lo académico y lo caótico conviven y dan forma a su identidad creativa. A pesar de ello, una vez que ya se sintió preparado para la independencia, dio un nuevo paso. Tras seis años de trabajo en oficina, se cansó de ser solamente un número y sentía que no podía desempeñarse en las áreas que realmente le interesaban. Es por eso que decidió renunciar y en los tres meses que pasaría viajando, se dedicó a pavimentar un camino en base a lo que había construido para dar forma a su nuevo trabajo como estilista y consultor creativo independiente.
MX: He estado en varias empresas grandes y me sentía un número. En la última que estuve fue super heavy, sentir que era reemplazable, que no valoraban mi talento, o que yo tampoco podía desenvolverme al 100% en lo que hacía en esa área. Me acuerdo que aportaba harto en investigación de mercado, en reportes de tendencias. Pero más allá de eso no podía hacer mucho. Un día me fui de vacaciones, lo pensé bien y dije: “Ya, no tengo nada más”. Podría aprender más cosas, pero quizás estudiando, más que estar de nuevo en un área de marketing o de producto. Porque ya aprendí de marketing y productos harto tiempo. Fue como: ya no necesito saber más. Ya me siento capaz de iniciar mi carrera solo.
Siempre ha estado altamente ligado a la escena under y por ello intenta que su propuesta pueda contribuir algo desde una mirada más fresca e innovadora que se vincule con los nuevos talentos. Esa necesidad de aportar, de dar siempre una nueva lectura, fue también lo que lo llevó a cuestionar su lugar en la industria. Si no había espacio para experimentar, si el trabajo se limitaba a cumplir con lo comercial, entonces ya no tenía sentido seguir ahí.
Madximiliano regresó de aquel viaje con la certeza de que no podía —ni quería— volver a la rutina de un trabajo de oficina. Su respuesta no fue buscar un espacio dentro de lo ya establecido, sino inventar uno propio. En ese terreno incierto, sin un plan definido, apostó por leer la cultura joven y transformarla un lenguaje visual que no existía todavía en el panorama local. Para él no se trataba netamente de vestir, sino de proponer un modo distinto de mirar la moda: como campo abierto y terreno experimental.
20S: Para cerrar, ¿qué es el vestuario en tu vida?
MX: Uy, es mi todo. De verdad: es mi diversión y mi enfermedad. Mi todo. Si no me gustara, estaría feliz trabajando en una empresa con un sueldo fijo y quizá en una gerencia de alguna cuestión, estaría muy tranquilo en la vida. Pero no: me gusta esto, no puedo hacerme el loco. Tengo mis años y ya no puedo volver atrás; jamás me retiraría.
Desde ese niño que miraba videoclips en MTV y sentía que “se perdió la fiesta”, hasta el artista que hoy marca el pulso del indie sleaze y el avant-garde en Chile, hay una sola certeza: su vida y su obra son inseparables. El vestuario no es un accesorio en su camino, sino la brújula que lo guía, la herramienta con la que convirtió la melancolía en método y el caos en una propuesta estética capaz de resonar con una generación entera.