Su obra es visual, pero a la vez táctil. Nace de la necesidad profunda de tocar la imagen, de transformarla y de volver a mirarla desde el papel. Entre la fotografía, la imprenta y el archivo, su trabajo es una búsqueda íntima por aquellos espacios que pretende explorar.
Como cualquier persona de región que habita la capital, Kiara Ferrer (26) pasa horas y horas arriba de buses. A veces hacia Olmué y otras veces hacia Chañaral de Aceituno, luego de vuelta a Santiago. Mientras avanza el reloj, se dedica a encontrar entre esos kilómetros en ruta, cosas que le llamen la atención y la ayuden a construir su próximo proyecto. Moverse es observar aquellos detalles que escapan de quienes van con prisa, y en esos trayectos recopila un archivo que se convierte en obra.
Según ella, su manera de observar el mundo tiene mucho que ver con el lugar en el que creció. Pasó su infancia viviendo en Pisco Elqui, una localidad ubicada en Valle del Elqui con menos de mil habitantes. Luego, se mudó a Olmué, cuya población no logra utilizar ni la mitad de los asientos del Estadio Nacional. “Yo creo que es lo que me ha dado mucho tiempo de observar, era una vida muy tranquila y pausada”, dice. Y no resulta extraño: hay algo en su modo de estar que guarda coherencia con esos paisajes que relata —una calma discreta, una sencillez y una quietud que observa más de lo que dice.
Desde pequeña, su vida estuvo estrechamente relacionada con distintos oficios: su abuelo fue pintor y joyero, su madre se dedica a la marroquinería y su padre a hacer velas. “Siempre he estado viviendo el ritmo y el espacio del taller”, explica. “El trabajar en un espacio ajeno a tu casa, que es donde surge lo creativo, es algo muy importante para mí”. El taller no solo es un espacio funcional, sino también un entorno que estructura su forma de pensar.
Crecer en un ambiente atravesado por la creación manual la llevó, desde temprana edad, a encontrar su propio lenguaje expresivo. Mientras el resto moldeaba cuero, cera o metales, Kiara comenzó a mirar el mundo a través del lente: la fotografía apareció como un espacio natural de interés. Así fue como empezó a fotografiar el valle con una cámara digital de su padre. “Sacaba fotos de las flores, de las montañas, del paisaje”, recuerda.
Hacer aparecer
Más tarde, al recibir una cámara análoga, sus imágenes se volvieron más íntimas. “Empecé a hacer fotos de mis hermanos. Tengo cuatro hermanos después de mí. Entonces fui un poco retratando su crecimiento”, cuenta mientras muestra sus trabajos impresos en papel. Ese gesto -de imprimir- no es casual, es parte esencial de su reconciliación con la fotografía digital .
20s: El papel es muy propio de ti. Quiero saber ¿dónde aparece o en qué momento dices “este es mi lugar”?
KIARA FERRER: Partí haciendo análogo cuando chica, a modo de juego. Pero cuando entré a estudiar en Foto Design, me tuve que pasar al digital. Y los trabajos que hacía no me gustaban nada. También me pasó que la foto análoga se puso cada vez más cara y difícil de concretar. Los precios subieron muchísimo y necesitaba una manera de hacer que me gustara de nuevo la fotografía.
Hasta que decidió imprimir su primer trabajo y escanearlo. “Ahí apareció de nuevo esa textura, ese acabado final y el proceso de sorpresa que te da el análogo. En el digital tú sabes lo que tomaste. En cambio, al imprimir, sentía que la foto se transformaba, como si me devolviera algo que yo no controlaba del todo. Y eso me gustó”.
Actualmente, su proceso de trabajo comienza en lo digital, una decisión motivada por los altos costos del revelado. Luego de hacer una selección, su obra cobra una nueva vida al pasar por la impresora y ser escaneada nuevamente. Esta última herramienta funciona como una segunda cámara, en la que cada imagen revela texturas inesperadas y nuevas maneras de construir la fotografía. Su aproximación es intuitiva: al yuxtaponer, cortar y doblar las imágenes, construye sentidos que no existirían de forma aislada.
20s: Si bien tu obra termina en el papel, ¿la piensas desde él? O, ¿cómo planeas su ejecución?
KF: No planeo tanto. No pienso el fin antes de hacer las fotos. Es algo que se va dando... Cuando entro a ese momento de taller, ahí aparece lo que tiene que aparecer. Ahí veo qué foto queda bien impresa. De qué tamaño. Es similar a sacarla de nuevo. Pero ahora con las manos.
El medio y el fin
En octubre del año pasado, Kiara anunció el lanzamiento de INVENTARIO, “un fotolibro que reúne 20 objetos clave que intervienen en el proceso de impresión”. Este proyecto nace bajo la fascinación por la imprenta y por la pulsión de rescatar un aspecto que se desvanece: las herramientas que le dan vida a la palabra escrita en el mundo de la impresión tipográfica. “Hay herramientas que interactúan con la obra, la hacen posible y al final quedan invisibles. Este inventario busca poner ojo sobre ellas.” - Contratapa de INVENTARIO (2024).
El hallazgo de una máquina tipográfica abandonada en Estación Central marcó un punto de inflexión en su práctica. La encontró junto a Gaspar, su pareja, y decidieron comprarla y restaurarla, pese a que estaba dañada. Aquella decisión, en apariencia, dio inicio a una nueva etapa en su vida: aprender el oficio desde cero, adquirir tipos móviles, entender los ritmos y materiales de la impresión manual. “Es todo un mundo”, diría después.
20s: ¿Siempre quisiste ser fotógrafa? O, ¿en qué momento dices “ah, esto es a lo que me quiero dedicar”?
KF: Es que tampoco sé si es tan así. Claro, la fotografía es algo que en los últimos años me ha acompañado y ha sido el centro de las cosas que hago. Pero siento que es más un complemento que el fin total de las obras que pienso, lo veo como un apoyo. Me gustan los libros, me gusta también la tipografía, otro tipo de cosas.
20s: ¿Y hay un fin?
KF: A corto plazo me gustaría empezar a dar pequeños talleres. Tengo ganas de compartir las cosas que he aprendido con más gente y así en un futuro, pensando en mucho tiempo más, tener un taller de oficios. Que se muestre la imprenta y la imagen. La parte de creación.
Es por eso que en su práctica hay una voluntad por ensamblar distintos oficios, cruzar materialidades, vincular la imprenta y el registro fotográfico. Pareciera que su interés no está en la imagen perfecta, sino en lo que puede activar a través de estas. Y -por eso mismo- podemos ver en cada uno de sus proyectos una mezcla de estos dos mundos, que se encuentran bajo las manos de la artista.
Aunque en el papel ha encontrado un medio en el que se siente cómoda, su búsqueda aún no está del todo resuelta. Sigue explorando temáticas e historias que la movilicen. Más que una preocupación estética, Kiara está en búsqueda de narrativas y relatos con contexto, proyectos con más profundidad que la mera belleza.
20s: ¿Y sabes cuáles son esos espacios que quieres recorrer?
KF: El archivo también me gusta mucho. Las fotos de otras épocas y de otras personas. Tengo ganas de indagar y de hacer un pequeño libro. Yo creo que me meteré un poco en eso ahora.
Ahí está el núcleo de la obra de Ferrer: en hacer aparecer aquello que estaba oculto, lo que ha quedado atrás o lo que no había sido mirado con suficiente atención. A través del archivo, del papel o de la imprenta, Kiara construye un lenguaje que vuelve presente lo invisible.