21-08-2025Nota por Diego Chicano

Ian Sepúlveda, el último viaje al Oeste

En el mundo de la fotografía chilena, pocos logran capturar la nostalgia y la atmósfera que evoca el cine y la cultura estadounidense de los 70s con la autenticidad que lo hace Ian. Si hay algo en común entre él y Wim Wenders, es que ninguno nació en Estados Unidos. Sin embargo, sus trabajos parecieran ser el retrato perfecto del sueño americano.

Detrás del director, filmmaker y fotógrafo sumergido en la estética western, hay un hijo único que a temprana edad encontró una cámara en su casa y pasó su infancia haciendo stopmotion con sus juguetes. A sus 30 años, Ian relata cómo llegó a proyectar su mirada en la escena chilena y hacia dónde pretende llevar su obra.

Al mirar sus fotografías, podríamos pensar que es una escena de “Paris, Texas” o de alguna película de David Lynch. Sin embargo, detrás de esa ilusión, es una Shell en Melipilla o Padre Hurtado: “Había mucha gente en California que pensaba que yo era de allá por mis fotos”. No obstante, se extendían más de 9.000 kilómetros entre Sepúlveda y ellos.

Tras un par de años en Publicidad y una beca por excelencia académica que lo aterrizó en Madrid, empezó la crisis vocacional. Si bien entró a la universidad sin tener ninguna certeza de que quería dedicarse a la publicidad, encontró un refugio en poder dirigir, filmar y fotografiar. Ian se dio cuenta que no tenía ninguna intención de pasar su vida en la oficina de alguna agencia.

Un día común de trabajo en una empresa publicitaria, recibió la noticia de que su contrato no seguiría. Con 24 años y un montón de contactos por redes sociales, decidió aventurarse hacia California, lugar que había mirado desde la infancia con admiración.

El extranjero

Desde pequeño utilizó el cine como una brújula. Directores como David Lynch, Quentin Tarantino, Wim Wenders y Nicolas Winding Refn, sin duda, marcaron lo que sería un espacio de interés para Ian. Asimismo, pasó con David Hockney, considerado uno de los pintores más influyentes del siglo pasado. Hay algo en estos últimos tres artistas que reúne un punto en común: no nacieron en Estados Unidos, pero sí que lo tratan en su obra. Se podría decir que para el fotógrafo son la santísima trinidad de extranjeros que se apropian (y reinterpretan) del sueño americano. Y, en cierto modo, son ellos quienes lo incitan a hacer lo mismo con su obra.

Vio algo del lejano oeste en las bencineras, en los autos o en las luces neón cuando empezó a experimentar con la fotografía. De esta manera, construyó –poco a poco– un estilo que lo diferenció del resto.

20s: Tu Instagram provoca una nostalgia muy particular, ¿cómo llegas a construir esa narrativa?

Ian Sepúlveda: Me acuerdo de que cuando empecé, solo tomaba fotos nocturnas o de neones. Estaba obsesionado con “Drive” y con ese director –Winding Refn—, entonces descubrí que era muy fácil “mentir”. En ese tiempo no sabía sacar fotos, me ponía debajo de un letrero fluorescente y se veía cinematográfico. Me encasillé aproximadamente dos años, dándole full con ese método. Eso igual me llevó a seguir buscando referencias, siento que los 70s tienen un tinte de neón maravilloso y eso me condujo al cliché de Taxi Driver. Después fui cachando referencias más contundentes.

El fotógrafo explica que también pasó mucho tiempo de su niñez jugando “Grand Theft Auto: San Andreas”, videojuego ambientado e inspirado en Los Santos y San Fierro. Todo este cúmulo de referencias a la costa oeste de Estados Unidos generó cierto vínculo emocional a su estética. Por lo mismo, al quedar desempleado, decide tomar sus cosas e irse: “tenía un millón de opciones y un millón de contactos. Estaba buscando una señal, se dio todo y lo aproveché. La vida me empujó a eso”, dice. “La gente pensaba que yo era de allá y me decían, juntémonos a sacar fotos y yo decía ‘esto no es California, es Padre Hurtado’, ¿cachai?”.

20s: Y de repente hay gente que recurre a este estilo, pero tú lo llevaste más allá, lo encarnaste.

IS: Sentí en un momento que era lo mío, dije “this is it ”. Me hizo sentido y al mismo tiempo me sentía increíblemente orgulloso. Decía, “yo hice esto” y me volaba la cabeza ver las referencias que me gustaban hechas por mí. No desde el ego, sino desde la alegría de un hueón que descubrió lo suyo.

El saber hacer

Cuando hablamos del “saber hacer”; el “savoir faire” o “know-how”, nos referimos a las destrezas, las habilidades o el conocimiento que tiene alguien para alguna disciplina práctica. Ian define a sus procedimientos como hechizos y orgánicos. Sin embargo, hay una trayectoria y un conocimiento tácito que lo permite plasmar su visión sin necesidad de grandes equipos (tanto digitales, como humanos).

Tras meses de trabajos, editoriales y videoclips en Los Ángeles, debió volver a Chile con intenciones de retornar nuevamente. Pese a ello, la llegada del COVID-19 lo obligó a posponer su tan anhelado regreso. Las semanas dentro del hogar lo obligaron a reinventar su manera de retratar el mundo, pero a través de los pequeños objetos que resonaban con su estilo, empezó a crear producciones en casa.

20s: ¿Qué pasó con tu trabajo en la pandemia?

IS: Creo que ahí fue la primera vez que comencé a explorar otras cosas. Quizás lo archivé –de Instagram–, pero tenía hartos videos con vinilos girando, miniaturas o adornos. Fue un proceso de mirar la casa, qué es lo que había, y tratar de contar historias a través de ello. Me dio la oportunidad de explorar con autitos de juguete. Pasó también que había mucha gente mirando, fue bacán. Mi mejor momento en Instagram, porque la gente estaba pendiente y le gustaba. Entonces la pandemia fue clave, un momento importante.

Ian dice que ha sabido batallar contra la falta de recursos, por lo mismo ha conseguido arreglárselas para siempre estar innovando en su obra. Repetir modelos y darlos vuelta, simular el Super 8 en digital y luces neones, en vez de flashes, lo han llevado a construir su trabajo sin ponerle atención a las carencias: “Sentí que ya había agotado todo recurso creativo, así que repetía rostros y figuras. Por eso empecé a jugar con perfiles y espaldas en las fotos, para que no fuera tan obvio ni redundante”. Es por ello que, en su pareja, Constanza, ha encontrado un apoyo y una compañera de trabajo.

20s: Hemos visto que frecuentemente colaboran, hacen videos y se asisten.

IS: Sí, es parte de lo mismo también: el hecho de tener una partner al lado que te apañe. Últimamente estamos haciendo varios proyectos, pero nos pasa que todo es a través de colaboración, entonces cuesta coordinar o armar un equipo. Sobre todo, con estilistas o maquilladores, me da lata pedirles que colaboremos. Siento que de repente la gente ve mi perfil y se imagina un presupuesto. Muchas veces es por amor a hacer cosas. Entonces eso también nos lleva a maquillar y a formar outfits, nos ha ayudado a que cada uno explore diferentes áreas.

Nuevos caminos

Con respecto al futuro, no hay planes de películas por el momento, pero sí videoclips. “Me gustan los fashion films, videoclips, todo lo que sea corto, pero con ritmo”, según él, es la herencia publicitaria: el querer trabajar en formatos cortos. Ian siente que puede contar mucho en periodos acotados: “En el último video que hice con Seyi –‘La Femme’–, intentamos contar ‘Los Ángeles de Charlie’ en 20 segundos. También sabiendo que la gente no te pesca mucho más que eso. Sin embargo, todavía no caigo en lo vertical, ni en el contenido”, explica.

Según él, ya está cerrando su ciclo con respecto a la atmósfera visual estadounidense. La llegada de una beca en el Diplomado de Fotografía de Moda de FotoDesign en junio de este año, fue en parte una motivación para migrar de su área y reconocer nuevos espacios de (y en el) estudio.

20s: ¿Hacia dónde pretendes llevar tu trabajo ahora?

IS: Muy buena pregunta, creo que aún lo estoy descifrando. Hace poco me gané la beca, entonces creo que ahí voy a resolver mucho de esto. Llegó en un momento en que no sabía muy bien hacia dónde iba la micro con lo que hago, no en un sentido de estar perdido, sino que ya hice todo lo que podía hacer. Entrar ahora va a ser una oportunidad para conocer gente nueva, quiero enfocarme en las editoriales y darle duro al video, que es mi fuerte.

20s: Sientes que ya exploraste California, ¿hay algún otro espacio que te interese?

IS: Sí, hay un giro que quiero abordar. Es el brutalismo y, bueno, el minimalismo. Antes mis fotos tenían muchas cosas, muchos elementos en el fondo, bien yankee. Corresponde un poco a las estaciones de bencina, llenas de letreros y luces. Ahora estoy intentando buscar un camino más limpio, pero tratando de darle una vuelta para que no sea simplemente un fondo pelado, sino que el personaje o lo que se esté retratando viva en ese mundo. He descubierto el brutalismo, Europa en los 60s, 70s, la Guerra Fría. Me gusta mucho esa estética.

Hay algo muy distinto entre el american dream y las columnas de hormigón que responden a la construcción posguerra. Sepúlveda está en un punto de inflexión y su recorrido seguirá por distintos imaginarios visuales y nuevas rutas por descubrir. Lejos de conformarse con lo ya logrado, Ian mantiene su búsqueda por renovar su lenguaje.

IS: Ya logré contar mi viaje americano. Esto es como viajar para mí, explorando tus habilidades y tus gustos. Porque al final todo va cambiando. Últimamente que estoy trabajando más en moda, me doy cuenta de que hay muchas referencias europeas que en un momento descartaba totalmente y ahora veo que puedo abordarlas sin tener que parecerme al resto.




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