21-12-2025Matilde García

Fotografiar desde la hostilidad con Belén Guerra

La nortina se comunica a través de la fotografía. Es ahí, detrás de su cámara, donde se siente más cómoda, y donde ha logrado transmitir —desde la elegancia del azul— una visión que nace de lo más profundo de su alma.

En la ciudad de Antofagasta, la adversidad del desierto se extiende por sus casi 40 mil kilómetros cuadrados con una fuerza despiadada. Un paisaje árido y rojizo, cuya geografía captura y a la vez asfixia a quienes han vivido allí toda su vida, sumidos entre el desierto y el mar.

Es curioso cómo, a veces, las mentes más creativas nacen de los lugares más inhóspitos. Para Belén Guerra, sin embargo, fue precisamente ese contexto el que la empujó a crear. “Cuando vives en una zona así, sin tanta referencia, igual tienes que rastrear. Tienes que buscar y entender qué te hace ser tú”, asegura. “Siento que es más puro. Te encuentras más rápido y encuentras más rápido tu esencia”.

Sus fotografías se construyen a partir de una paleta de tonos fríos —azules, grises y morados—, alejándose casi completamente del cobrizo intenso y abrasador de su ciudad natal. Sin embargo, la fotógrafa confiesa que la hostilidad nunca deja de estar presente donde sea que lleve su cámara. Es, al final, desde esa emoción que aprendió a expresarse.

Belén descubrió su afinidad con el mundo del arte muy temprano en su vida. A los seis años entró a estudiar a la escuela artística, un lugar en que creció —a diferencia de muchos niños de su edad— tocando el violín y practicando danza.

De ahí en adelante, la creatividad ha sido un pilar fundamental en su historia. Estudió arquitectura, donde sus profesores la premiaban por su habilidad en el diseño. Aun así, nunca logró encajar del todo con la disciplina. “Sentía que me coartaba mucho mi creatividad. Nunca me dejaron hacer los proyectos que yo quería hacer con respecto a lo artístico”, recuerda. “Si no puedo diseñar la hueá que yo quiero, ¿para qué?”.

El salto

20S: ¿Y en qué momento empezaste a sacar fotos?

BG: En cuarto, quinto año de universidad. Empecé con arquitectura, más que nada, a abrir mi mente a las perspectivas de mi entorno. Fue como: “¡Oh, conchetumadre! ¡Qué nueva esta hueá! ¿Cómo no lo había visto antes?”. Luego conocí a un chico en arqui que maquillaba y le dije: “Maquillas increíble, por favor, quiero sacarte fotos”. Desde ahí yo empecé a tener ideas muy locas y estas personas me apañaban a estas cosas muy excéntricas y más tiradas para lo artístico y lo plástico.

Fue entonces cuando, después de sacar la licenciatura, decidió dar el salto y mudarse a Santiago a probar suerte con la fotografía. Lanzarse a lo desconocido nunca es tarea fácil. Sin embargo, eran tantas las ganas de Belén por crear que ni siquiera el peso de la incertidumbre logró detenerla. Con una cámara nueva en una mano y una maleta en la otra, decidió que lo primero que quería hacer era meterse a un curso en Fotodesign para aprender sobre narrativa y técnica básica: “No sabía ocupar la cámara. La usaba en automático”.

De a poco todo comenzó a fluir. Un amigo le presentó a una diseñadora de vestuario, con la que comenzó a colaborar de manera cada vez más frecuente. La @lattina_, creadora de Own Drip. Hoy, las fotos de Belén se han convertido en la imagen principal de su marca. Desde entonces, la moda ha abarcado una parte importante de su trabajo.

Aun así, lo que más le gusta hacer hoy en día es llevar a cabo proyectos personales junto a su equipo: “Siempre trabajo con las chiquillas. Las conocí hace como tres años. Es una chica que hace pelo, una que hace make-up y una diseñadora. Me gusta cuando trabajo con ellas porque nace igual desde lo que nosotras queremos hacer. Generalmente, gracias a eso, he conseguido hacer otros proyectos bacanes después”, asegura, recordando uno de sus últimos trabajos con la cantante urbana Akatumamy.

BG: Últimamente, muchas de las pegas que he tenido han sido con artistas. Con la AK tuvimos una reunión, igual que nosotras. Nos juntamos a tomar un café. Me encantó porque es una artista muy abierta.

20S: ¿Te gustó el resultado?

BG: Sí. En verdad, yo nunca tengo expectativas de nada y al final es tan bacán, porque de verdad me termina sorprendiendo. Y le digo a las cabras: “¿Se dan cuenta de lo que hicimos?”.

Pero no todo ha sido tan fácil. Belén cuenta que, al principio, vivió mucho tiempo con la presión de no dedicarse a lo que estudió. “Hueona, ¿cómo no estás siendo arquitecta?”, se decía a sí misma. “En volá eso igual te va a entregar más plata, piénsalo bien”. Tuvieron que pasar dos años hasta que finalmente comprendió que si gravitaba más hacia la fotografía, ese era el camino que debía seguir. “De repente no hay que entender mucho por qué uno quiere las cosas”, dice, con una seguridad que demuestra su crecimiento.

Dentro de todo, Belén no tiene dudas de que la arquitectura siempre será parte de su trabajo. Ya sea en la composición o en el contexto, su ojo de arquitecta siempre está presente en los detalles. “Yo creo que gracias a eso puedo tener los resultados que tengo con la fotografía. Me interesa mucho capturar el entorno, las perspectivas. Siento que en mi fotografía eso se tiene que entender muy bien. Igual te puedo hacer una foto de estudio, pero yo mil veces prefiero una fotografía en la calle que me entregue contexto, perspectiva y volumen. Que algo pase”.

Entre lo excéntrico y lo elegante

Belén siempre ha tendido a gravitar hacia lo distinto. Es ahí, precisamente, donde encuentra su lugar en la fotografía. “Me gustan los rostros excéntricos”, confiesa. Recién llegada a Santiago, la nortina no tardó en verse fascinada con la diversidad de caras que encontró a su alrededor. Así fue como comenzó a hacer street casting, pidiéndole fotos a extraños que llamaran su atención entre la gente.

20S: Igual hay que tener perso para eso.

BG: Sí, es que tenía mucha hambre de la hueá, quería mucho hacer, hacer, hacer.

20S: ¿Te acuerdas de algún trabajo que hiciste cuando recién llegaste y que te hizo pensar: “wow, esto realmente me gusta; quiero seguir haciendo esto”?

BG: Sí, tengo uno, que fue el más precario económicamente, que es el de Alison, una de mis amigas más queridas de acá de Santiago. Ella es modelo, una chica mitad china, mitad chilena. Siento que fue un gran trabajo para mí, como que yo lo miro y digo, “ya, esto sí, esto es lo que quiero conseguir”. Siento que marca un antes y un después en lo que hago. Estas fotos para mí… esas yo las voy a marcar, porque las amo… esos tonos, la elegancia…

Definir su estilo en palabras es algo que le cuesta. Sin embargo, si hay una cosa que tiene clara, es que la cultura asiática ha sido una de sus inspiraciones más grandes: “No soy una chica K-pop, pero pasan hartas cosas conmigo y lo asiático”. Hoy en día, su máximo referente en el rubro es el fotógrafo chino Leslie Zhang. “Siento que él ocupa muy bien el minimalismo, me transmite mucho, los colores y todo. Me encanta”.

20S: En tu trabajo se repiten mucho los tonos azules fríos. ¿A qué se debe ese uso dentro de tu proceso fotográfico?

BG: Sí, siempre me voy al frío. Siento que la imagen es mucho más elegante. Siempre intento buscar la elegancia en la foto, que se vea lo más limpia posible, y siento que los azules siempre me dan eso. No puedo, por ejemplo, editar en amarillos, siento que no me entregan nada, no me genera mucho contraste. Tiendo a tirarlo todo para el azul de una, ni lo pienso.

Liberarse de la perfección

“Muy libra pa la huea”. Así es como se describe Belén —un poco bromeando y un poco en serio— cuando habla de su mentalidad a la hora de pensar sus imágenes. Se refiere, en parte, a su fijación con la elegancia, a su fascinación con lo limpio, y a su meticuloso proceso de edición. Sin embargo, también apunta a uno de los grandes obstáculos que ha tenido que enfrentar este año: el perfeccionismo.

Para la fotógrafa, los últimos 12 meses han sido un punto de inflexión tanto en su vida personal como profesional. Pero ningún cambio ha sido tan profundo como el que ha vivido desde que comenzó a cuestionarse el rol de este bichito que poco a poco se apoderaba de su trabajo. “Falta más, falta más, falta más”, se repetía hasta el cansancio, y es que incluso estando conforme con el resultado, esa voz era imposible de callar. “Me pasó con Arquitectura, mucha de esa exigencia viene de una carrera así, creo que me dejó esos fantasmitas”, reflexiona.

Hasta que un día dijo basta. Cambiar su manera de ver aquello fue, para Belén, una liberación. Vivir, no desde el miedo, sino desde la confianza y la certeza de que nada en esta vida es perfecto.

20S: ¿Cómo crees que te ha ayudado soltar ese perfeccionismo en tu foto? ¿Notas la diferencia?

BG: Sí, completamente. Antes de verdad iba con mucho miedo. Siempre una parte de mí llevaba mucha inseguridad y mi perfeccionismo no me dejaba abrirme realmente a aceptar mis resultados. Me pasaba también con el equipo. Tengo la misma cámara hace cinco años y siento que eso también me desanimaba caleta. Era como: “Tu foto no va a ser perfecta hasta que tú no tengas ese nivel de imagen, o esa iluminación”, y después dije: “Yo no necesito eso, yo no necesito ninguna de esas cosas para hacer lo que yo hago”. No quiero que me pase más, porque no quiero terminar odiando algo que amo tanto.

Parte de la escena

A pesar de que lleva casi diez años tomando fotos, Belén Guerra confiesa que le ha costado mucho definirse a sí misma como fotógrafa. Entre la autoexigencia y la inevitable tendencia a compararse, nunca logró sentirse parte la escena editorial con la que se encontró al llegar a Santiago.

“Siento que no hay una apertura a las nuevas imágenes, algo más experimental, algo más artístico. Yo de verdad no me siento parte, para nada”, confiesa. “A mí me gusta experimentar con la imagen, irme a la mierda y que sea lo más artístico posible”.

Sentirse segura con su propio trabajo no fue fácil al principio, especialmente porquecreía que su equipo no estaba a la altura de uno profesional. Recién hace dos meses, cuenta, logró cambiar el switch. “Yo pensaba que ser fotógrafa era tener la mejor luz, tener el mejor estudio, tener la mejor cámara, y después me di cuenta de que no, porque en verdad a la gente igual le gustaba lo que yo hacía. Voy con mi cámara de siempre a hacer el trabajo y la gente queda feliz igual.

Hoy en día, Belén es parte de su propia escena, una que le ha permitido sentirse contenta con su vida y su trabajo, aunque eso no significa dejar de soñar. “Me encantaría salir en una portada de Vogue”, dice. “Es superficial, pero sería épico”.

20S: ¿Dirías que es una de tus grandes metas?

BG: Sí, o trabajar con un artista que yo ame. Mi sueño es trabajar con BTS, o no sé, con Rosalía, o Lady Gaga. Yo sería demasiado feliz.

Crear desde el anonimato

Hay algo muy valioso en hacerse entender mediante la imagen. En transmitir un sinfín de emociones sin decir ni una sola palabra. Es eso, precisamente, lo que más le gusta a Belén de la fotografía. “Yo no soy muy buena para expresarme en palabras”, dice. “A mí me cuesta caleta, y siento que a través de la foto puedo no hablar, pero mostrar todo. Es brígido, pero la gente entiende lo que quiero decir. Es lo que más me gusta. Poder refugiarme, poder igual tener ese anonimato. Me gusta el anonimato”.

Hoy, sin embargo —aunque le cueste admitirlo— Belén Guerra es todo menos anónima. A pesar de venir de un contexto plagado de hostilidad, ha logrado hacerse un nombre propio, convirtiendo su imagen en el centro de su relato.




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