Entre los autos, los malabares, los museos y un polerón rosado que marcó un antes y un después en su vida, para Sebastián no ha existido límite a la hora de crear.
A lo largo de su infancia y adolescencia, el arte visual parecía estar lejos de lo que terminaría siendo su trabajo. Criado entre una familia de mecánicos que esperaban para él un camino similar, Sebastián Camps —hoy conocido como Flamingo—decidió migrar hacia un terreno distinto. Tiene 29 años y vive entre la intervención de vestuario, la dirección creativa y de arte, la fotografía, la animación en tres dimensiones, los collages analógicos frame by frame, el diseño gráfico y un lenguaje visual que lo sitúa en la vanguardia del under latinoamericano.
Hay artistas que planifican cada movimiento, que trazan un mapa minucioso antes de dar el primer paso. Flamingo no es uno de ellos. Para él, todo —o casi todo— comenzó por una coincidencia: la elaboración de fan arts para distintas figuras de la industria musical. El primero para KID LUCILFER, luego Pablo Chill-E, después Aqua VS, y así empezó a pavimentar un camino entre el mundo de la música urbana: “Recuerdo que veía a Kash The Money hacer arte y decía ‘oh qué bacán, yo también quiero hacer esa hueá’. Ahí empecé a armarles cosas a los cantantes y me pescaban”, cuenta Camps, asegurando que había una respuesta positiva desde la escena.
Lo curioso es que todo comenzó como una entretención: “Siempre me dijeron que debía crear desde mi niño interior, y desde ahí he partido este juego infinito con el arte”. Jugar. Esa es la palabra que articula su universo creativo. Un fan art hecho sin pretensiones lo llevó a mandarle un DM a Yung Beef. Un mensaje enviado sin esperar respuesta. Sin embargo, llegó: “Me siguió en Instagram y me dijo que trabajáramos juntos”.
Oye, Pink Flamingo
Antes de consolidar su nombre ante la escena nacional, el artista se dedicaba a hacer malabares y a trabajos part time en retail. Fue eso su primer acercamiento a distintos oficios artísticos: “Yo estuve muchos años de mi vida dedicado todo el día a malabarear. Mis amigos hacían rutinas de circo y se presentaban en varietés, que son espacios donde tú vas a ver shows de distintas disciplinas teatrales. Y esa fue como mi primera instancia de ver arte”.
20s: ¿Y cómo surge tu nombre?
FLAMINGO: Mucha gente piensa que es por una película o por “One Piece”, pero en verdad no tiene relación con nada de eso. Todo comenzó cuando tenía como 16 o 17 años.
Entre los intercambios y las ventas que hacían entre los malabaristas, Sebastián decidió comprar un polerón rosado a un compañero, que terminaría siendo su uniforme. Es esta prenda la que da origen a la veta de su identidad creativa. “Pink Flamingo” comenzaba a resonar entre sus compañeros, luego mutó hacia “Pink” o “Flamingo”. Entre los llamados y los gritos que hacían entre amigos, terminaron con la chapa que llevaría por más de doce años: “Oe Flamingo”.
Fue la pandemia la que terminó con su vida entre trabajos de retail e incertidumbres. Pero un viaje a Barcelona lo cambió todo: transformó su percepción de las artes y lo llevó a estudiar en la academia. Fue casi un accidente, como si el arte hubiera estado esperando el momento correcto para irrumpir en su vida.
20s: ¿Qué pasa en ese viaje en que todo cambia?
FL: Fui con mi mejor amigo del colegio. Él andaba en skate y allá es full skate toda la hueá. Yo no ando, pero le dije, ya te apaño, voy a llevar el mío pa' puro huevear. Pero él estaba todo el día patinando, entonces me hice una ruta de museos. Siempre fui malo para ir porque no me llamaba tanto la atención, pero hice el intento. Hermano, me voló la cabeza. Me encantó todo, ya que llegué a Chile con mucha información para crear.
Paso a paso, frame by frame
Al llegar de su viaje, decidió que quería dedicarse a estudiar Artes Visuales. Pero luego de dos años se dio cuenta de que seguiría su camino de manera autodidacta. Ese fue el punto cero, el origen silencioso de una trayectoria que hoy lo sitúa en el epicentro del under latinoamericano, colaborando con nombres que han definido el sonido de esta generación a nivel nacional: DrefQuila, Pablo Chill-E, AKRIILA y KUINA, entre otros.
20s: ¿Y cómo llegas a trabajar a la industria musical?
FL: Fue mitad suerte y mitad mi trabajo. La primera persona que me descubrió fue AKRIILA y así empecé a conocer todo el mundo. Un día me encontró en internet, congeniamos y ella me presentó a todo el mundo. A mí me gusta buscar algunos artistas, pero siento que mucha gente se me ha acercado a mí y ha sido bacán tener esa aprobación.
Más de 600 imágenes intervenidas y escaneadas una a una serían las que le darían el sello de Flamingo al video musical de Duki junto a Pablo Chill-E. En tan solo un par de horas, el artista junto a tres personas más debieron completar lo que sería su primer trabajo oficial en que intervenía fotograma por fotograma.
20s: Hablemos de tus trabajos de intervención y escaneado, ¿cómo funciona ese proceso? ¿Cuánto te demoras? Y, ¿Cuál es la metodología?
FL: Para el video de Mínimo Esfuerzo el director nos dijo, literalmente “tenemos una noche para hacerlo”. Estuvimos toda la noche sin parar hermano. O sea, él nos pasó todos los frame ya puestos uno por uno y nosotros íbamos a interviniendo y recortando cada imagen. Me acuerdo de que ya eran como las 6 o 7 de la mañana y nosotros ya no queríamos más porque estábamos fritísimos, pero seguíamos ahí solo por la motivación de que era para Duki y Pablito.
20s: ¿Y en EXARTE PA TRA?
FL: En ese video de la Akri, éramos más de 10 personas recortando porque eran más de 800 imágenes y yo estaba dando las instrucciones. La Fer (AKRIILA) me hizo dirigir un poco esa área. Yo suelo trabajar con personas que sé que les gusta mi arte y me gusta conocerlos a ellos. Tengo que conectar con mis compañeros. Me ha pasado que estoy en equipos que no conecto y es difícil avanzar. También he estado con personas que no creen mucho en las cosas que hago porque tienen miradas distintas, pero hay que tratar de congeniar.
Una buena experiencia se llevó del equipo de DrefQuila cuando trabajaron en su disco “Los Sentimientos De un Robot”, pues asegura que en el conjunto creativo todos se guiaban bajo un mismo pulso estético, eran similares en estilo y podían conectar sus ideas. Según Flami, “Dref nos llevó al límite, a hacer más, a crear más y a aprender más”.
Buenos valores, malos modales
En la convergencia entre un orden caótico y un mensaje disruptivo, nace su estética particular que reinventa las narrativas musicales junto a KUINA. Es por ello, que Flamingo forma parte del equipo creativo de la cantante y de su tienda MANSIÓN LAFFONT, en que ha desempeñado distintas labores para contribuir al crecimiento este proyecto.
20s: Vimos que hace poco sacaron disco, nos puedes explicar cómo fue tu trabajo en esta ocasión.
FL: Sí, en mayo salió “BUENOS VALORES MALOS MODALES”. Generalmente, para este equipo nos juntamos a hacer lluvia de ideas. Me siento demasiado bien en ese espacio, solo me dejan ser. Yo creo que la KUINA tiene todos sus conceptos y sus cosas muy claras. Ella es muy estudiosa, entonces nos entrega información y nosotros vamos ordenándola o complementándola.
Es evidente en su voz la entrega y la pasión que pone en el proyecto de la cantante, en que ha podido explotar distintos oficios y áreas de las artes visuales para crecer profesionalmente. “Creo que he aportado en muchas áreas: como fotógrafo, realizando videos, a veces asumiendo el rol de director creativo, de arte u organizando cosas. He intentado hacerlo todo para ampliar mi rango”, afirma. Sin embargo, reconoce que su curiosidad es su motor y lo mantiene en movimiento, pues pretende ampliarse a nuevas dimensiones, apasionado por conquistar más territorios que lo sigan complementando como artista.
En búsqueda de más
Con respecto al futuro hay cientos de ideas y desafíos, uno de ellos es la construcción de escenografía, fuertemente influenciado por el trabajo en los shows de Tyler, the Creator. Actualmente, su misión y su concentración están puestas en reinterpretar visualmente el universo creativo de KUINA y su nuevo disco para su primera presentación en el Teatro Coliseo este 11 de diciembre, cuya puesta en escena estará a cargo suyo.
20s: ¿Y cómo te sientes teniendo la posibilidad de participar en estos proyectos?
FL: Yo nunca me imaginé que iba a terminar en un trabajo creativo, fue mera casualidad. Yo en algún momento pensé que iba a trabajar toda mi vida en un mall. Siento que a veces no valoro lo que he vivido, ha sido brígido el crecimiento.
Hay algo profundamente contemporáneo en él: la necesidad de destacar en un mundo saturado de imágenes. Bajo su punto de vista, se debe al flujo de información en redes sociales: “Está todo hecho, hermano. Hay una sobreestimulación de todos los campos. Siento que hay que destacar de alguna manera”. Él encontró la autenticidad en la estética sin concesiones y en la capacidad de convertir el juego en destino: “Entonces por eso como que trato de tratar de llevar mi identidad lo más arriba posible para poder destacarme. Siempre hay que buscar una forma de ir más allá”, explica.
En paralelo, Flamingo explora la moda desde un prisma irreverente. Su marca se mueve entre el meme y la alta cantidad de elementos visuales. Su Troll Face Jacket, nacida como un experimento, se viralizó y fue sold out en un par de días. “Partió jugando y explotó, se hizo viral en Inglaterra y me hablaba caleta de gente en inglés. Quiero dejar la cagá con la ropa”, dice entre risas, aunque con la ambición clara de construir un sello propio.
Sebastián o Flami (como le dicen sus amigos), no se piensa como un artista académico ni como un outsider romántico. Es más bien, un jugador eterno: alguien que entendió que la vida funciona como un collage: piezas desordenadas y cómicas que terminan por construir una imagen propia. Hoy sueña con escenografías monumentales, con curar talentos jóvenes y con vivir de su creatividad sin límites.