Matías Alvial (1997) es un artista multimedia y fotógrafo chileno radicado en Nueva York. Ha colaborado con revistas como i-D, Dazed, New York Magazine, Paper Magazine, PIN-UP, Document Journal, entre otras. Su trabajo explora los vínculos humanos, las disidencias, las artes y la escena queer neoyorkina. Asimismo ha fotografiado las fiestas de marcas de lujo como Jean Paul Gaultier, Acne Studios y Palomo Spain. A través de su serie 35 mm Diary, busca retratar su vida durante la década de 2020 mediante la fotografía análoga, una bitácora íntima y a la vez pública de lo que es su día a día.
20S: ¿En qué momento de tus veinte sientes que fracasaste y qué aprendiste de ello?
Me costó mucho encontrar las palabras para hablar del fracaso, porque yo siempre he sabido cuál es el mío dentro de mis veintes. Lo he hablado con mis amigos e igual soy una persona bien pública, yo muestro de todo. No tengo miedo de mostrarle al mundo quién soy, porque no tengo vergüenza, esa es la vida que vivo.
Una de las cosas que realmente me molestaba creciendo en Chile es la sociedad o la familia chilena, porque es muy de secretos: qué va a pensar la vecina o la gente. Siempre me frustró eso, porque, yo siendo queer, nunca me sentí avergonzado, pero siempre sentí que en Chile tenía que ser un secreto.
Ya tengo 28 años y me mudé a Estados Unidos a los 14, entonces más o menos la mitad de mi vida fue allá y la otra mitad acá. Me ha costado mucho entender quién soy, porque en Chile me siento “agringado”, hay palabras nuevas en Chile todo el rato y cada vez que visito tengo que aprender este vocabulario, ¿cachái? En Estados Unidos tengo un acento y siempre he sabido que no pertenezco de la misma manera que el resto, sobre todo ahora con el tema de la inmigración. He vivido en este limbo y por eso mismo, siempre quise pertenecer.
Al vivir en Estados Unidos, no pude ir al funeral de ninguno de mis cuatro abuelos. Estaba tan, pero tan, tan, tan metido en el mundo laboral, con demasiada pega. Sumado a que Nueva York es una ciudad bien cara, no tenía plata para pagar los pasajes, era simplemente inconveniente.
Eso ha sido lo más difícil, vi a mis abuelos en la pantalla, cada vez más viejitos. Llegó un punto en que no sabía qué decirles, mi vida había avanzado tanto que incluso me costaba el español. Además, yo estaba descubriendo mi sexualidad y no eran cosas que necesariamente quería compartirles, por lo que yo mismo corté ese lazo, sin siquiera darme cuenta. Fue por ser joven, por salir a fiestas, porque quería que estuvieran orgullosos. Era el nieto que se fue a Nueva York, quería volverme un campeón, y puta, ahora me siento un campeón, pero ya están muertos.
He vivido solo acá desde los 17, y mi abuela antes de que muriera, me mandó un audio que me cuesta mucho escuchar, pero decía algo como: “Matito, rezo por ti primero, porque eres el que está más lejos”. No sé si por eso tengo más éxito, no sé si es porque realmente mis papás me apoyaron demasiado y me dijeron “te va a ir bien, sigue tus sueños”. Ese apoyo, a seguir mis sueños, realmente me hizo muy solitario, y tuve una depresión muy fea, y no sabía cómo contarles, porque ya tenían problemas.
Podía pasarla muy mal y mi mamá también, y no nos lo decíamos hasta que ya habíamos superado ese evento. A mis papás no les decía que me sentía tan solo, que me faltaba plata, pero a la vez lo bueno no puede existir sin lo malo. Uno tiene que apreciar los momentos de bajones para poder apreciar los momentos de éxtasis, por así decirlo.
Esta soledad que sentía estando en Estados Unidos, fue lo que me llevó a tener amigos que considero familia. Ahora mi grupo son a quienes veo todos los fines de semana, tal como uno iría a la casa de la abuela los domingos. Me ha costado mucho más decirle te amo a mi familia que a estos amigos, y es porque, puta, uno tiene drama con la familia, especialmente creciendo gay, querían lo mejor para mí, entonces me decían “ya, pero déjalo en secreto, no todo el mundo tiene que saber”. Estos amigos también pasaron por eso.
El no haber apreciado a la familia cuando realmente debía es de cabro chico, tengo mil razones y excusas, pero eso me llevó a crear relaciones tan fuertes, que eso en sí ha sido mi éxito.
Mi éxito nunca ha sido la fotografía, mi éxito nunca ha sido el dinero, tal vez para mí el éxito ha sido el viaje que he podido tener y las amistades que me apañan a todo.
Ese fue mi fracaso: no haber estado en familia cuando más me necesitaban, y hasta el día de hoy es una de las cosas que más me pesan, porque realmente la persona que soy es por todo lo que me enseñaron mis abuelitos.