Benjamín Vial (2000) es un arquitecto y fotógrafo chileno radicado en Berlín. Sus fotografías han sido publicadas en 17:23 Magazine, L’Officiel Chile y PhotoVogue. Ha participado en eventos como Rapsodia Fashion Show, Milán y París Fashion Week SS26. Aun en los primeros pasos de su trayectoria, su obra deja entrever la madurez de un talento en expansión.
20S: ¿Qué hecho te ha hecho replantear tu oficio?
Mi experiencia y trayectoria con la fotografía quizá no sean muy extensas. Todo lo que sé ahora y el camino que he recorrido han sido bastante exponenciales, sobre todo durante el último año, cuando empecé a tomarme la fotografía más en serio. Siempre tuve la inquietud de usar la fotografía como un medio artístico. Solía tomar fotos de naturaleza, de viajes, nada muy profesional. Creo que todo cambió cuando empecé con la fotografía análoga: encontré la cámara de mi papá en el entretecho de la casa de mis padres, y desde ese momento empecé a interesarme mucho más y a tomármelo con mayor compromiso.
Encontrar esa cámara coincidió con un minuto de mi vida en que viajé mucho: me fui de intercambio a Praga, e hice muchos viajes. Me empezó a interesar no solo retratar los lugares, sino también a las personas que los habitaban: el guía que me hacía el tour, la gente local. Pasé de tomar fotos turísticas —paisajes, animales— a retratar gente. Y siento que eso se conecta mucho con lo que hago ahora: la fotografía de moda. Lo que más rescato de ella es justamente eso, involucrar a las personas en las imágenes dentro de un espacio específico.
Estudié arquitectura, así que me interesa mucho el vínculo entre la persona retratada y su entorno. Me gusta el diseño de espacios, el set design, un área que me encantaría explorar más.
Respondiendo a la pregunta sobre qué hecho me ha hecho replantear mi oficio, creo que mi vínculo con la fotografía nace precisamente de un replanteamiento. Nunca esperé que, después de estudiar una carrera completa de arquitectura, terminaría dedicándome a la fotografía y no a la arquitectura.
Me acerqué a la fotografía durante un periodo en que estaba muy colapsado y un poco decepcionado de la carrera. Buscando otros oficios, me metí a estudiar fotografía, y empecé a tomármelo más en serio. Todo se dio rápido: comenzaron a salir proyectos interesantes, las cosas fluían. En sí, la fotografía fue un replanteamiento de mi camino profesional.
Si tuviera que hablar de un tropiezo —no un “porrazo”, porque suena demasiado fuerte—, creo que sería mi llegada a Berlín. Me vine con la ilusión de integrarme rápido en la escena artística, porque acá la fotografía tiene mucho peso. Pensé que sería como en Chile, que llegaría y empezaría a trabajar de inmediato, pero me di cuenta de que no es tan fácil partir desde cero en una ciudad donde no tienes contactos, donde nadie te conoce. Al final, lo único que la gente ve es tu Instagram, y eso puede generar mucha ansiedad. Hoy en día, las redes sociales influyen demasiado en cómo uno se presenta y se valida como artista.
Estoy en un periodo de break, se podría decir. Trato de recordarme que la fotografía también es un arte y no puedo tratarla como si fuera una pega de oficina. Uno pasa por etapas, y ahora estoy en una pausa, pero con ganas de retomarlo. Llevo tres meses acá y ya he logrado construir una pequeña red que apoya mi trabajo: he conocido fotógrafos, modelos, diseñadores de espacios y he tenido la oportunidad de asistir en producciones. Siento que ya me estoy insertando más en el mundo de la fotografía y que pronto podré salir de este descanso.
Antes de llegar a Berlín tuve la suerte de ir a Milán y París para la Fashion Week masculina primavera-verano 2026. Fueron dos semanas súper intensas, en las que cumplí un sueño: estuve en varios desfiles y eventos, conocí a muchas personas famosas y también a fotógrafos que admiraba desde Chile. Durante ese viaje me di cuenta de lo mucho que me gustan los formatos análogos. Tomé muy pocas fotos digitales y me concentré en hacer registros en película de 35 mm y principalmente Polaroids, algo que disfruté muchísimo.
Ahora tengo un archivo enorme de personas retratadas en Polaroids. Lo que más me gusta de ese formato es lo fácil que resulta desligarse de lo técnico y simplemente estar presente. En un instante, en un solo flashazo, capturar el retrato de alguien —muchas veces alguien famoso o con poco tiempo— y aprovechar ese momento único.
Creo que lo que más me atrae de la fotografía instantánea es que ofrece pocos intentos. Lo digital no es mucho lo mío, porque tiendo a sobrepensar y ser demasiado perfeccionista. En cambio, la fotografía análoga e instantánea me obligan a detenerme, pensar y tomarme más tiempo. A veces solo consigo una o dos fotos, pero son imágenes que valoro mucho más y que tienen un sentido más profundo para mí.
Estoy en un periodo en el que todavía sigo encontrando mi estilo. A veces tengo que recordarme que empecé hace poco, que es normal tomarse descansos, porque si no, todo empieza a perder sentido. Cuando tengo demasiada pega o estoy saturado, siento que la fotografía se vuelve más un trabajo que un arte, y justamente el arte fue la razón por la que empecé.
La experiencia de estar acá, de ver cómo funciona la escena fuera de Chile, ha sido increíble. Espero volver a Chile con un ojo distinto: más entrenado, más abierto.