Cinéfilo y entusiasmado con la vida, el fotógrafo Benjamín Simón Carvajal relata lo que fue su paso por un workshop de Fashion Business en Istituto Marangoni de París, tras ganar un concurso de fotografía análoga. Entre descubrimientos y accidentes, Benja explica cómo su intereses migran hacia nuevos territorios.
Irme a París durante casi tres meses fue una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida. Fueron 79 días de invierno que se sintieron como años, en que viví todo lo que podía vivir.
Estudié Fashion Business, conocí gente de todas partes del mundo y de todas las edades, salí de fiesta solo, tuve un colapso pulmonar y quedé atascado en la ciudad. Viajé de manera impulsiva, compré pasajes sin pensarlo demasiado. Hice amigos que hoy me esperan en distintos lugares del mundo, para viajar juntos y conocer a sus familias. Fue una vida adrenalínica, constante, que nunca me dejó descansar y me obligó a sentir todas las emociones posibles.
Lo que más rescato, por lejos, son las personas que conocí en el camino. Cada recuerdo, cada risa, cada anécdota y cada palabra aprendida en otro idioma es, para mí, lo más lindo de haber estado fuera. Saber que tengo promesas por cumplir allá y personas con las que quedé de volver a ver.
Lamento no haber usado más la cámara para documentar mi vida. De alguna manera, París nunca terminó de encenderme para fotografiar su vida. Aun así, eso también es parte del aprendizaje. Durante el viaje entendí que necesito fotografiar más, pero no cualquier cosa, sino otros paisajes, otras energías.
Aunque me encantó París, su ritmo, su gente y su intensidad, también la sentí hostil, incluso violenta. El invierno la vuelve plana, seca, casi sin color. Es linda, tiene su belleza, pero también una dureza que con el tiempo puede consumirte.
Ese contexto me dio algo igual de valioso, espacio para reflexionar. Volví a conectar con lo que siempre me ha movido a fotografiar, una sensibilidad más ligada a la luz, a lo orgánico y a lo vivo. Naturaleza, texturas, colores, océano, vegetación, lugares en que la imagen respira distinto. De alguna manera, me ahogó sentir que había miles de fotógrafos haciendo exactamente lo mismo.
Hoy tengo ganas de volver a París, pero también de tomar otro rumbo. Uno más cercano a lo que me llevó a la fotografía en un inicio, el cine documental, la antropología y las historias reales.
Me encanta el mundo de la moda, pero cada vez me aleja la idea clásica de imágenes vacías y me atrae más la idea de hacer fotografías honestas, que se sientan como fragmentos de una película, análogas, en locaciones vivas, en paisajes con identidad.
Quiero mezclar todo, la moda con lo documental, lo rápido con lo lento, lo espontáneo con lo pensado. Quiero viajar, seguir en movimiento, conocer gente, tomar decisiones impulsivas y dejar que la vida ocurra intensamente.
Me encanta Chile, pero hoy siento que mi camino está en otra parte, en seguir explorando y construyendo desde el movimiento.
De aquí en adelante quiero seguir conectando conmigo, con lo que amo, descubrir mi proceso y seguir viajando, aprendiendo y fotografiando en el camino todo aquello que me parezca bello.