Jesús dijo en Mateo 6:19–20: “No hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido corrompen”. Lamentablemente para el hijo de Dios, el artista chileno Alonso Bello ha decidido hacer justamente lo contrario: encontrar lo divino en la decadencia propia de la corrosión terrenal y humana.
“No me importa si me dicen facho por trabajar con la religión”, asegura Alonso Bello mientras sorbe agua de un vaso azul rey. A pesar del calor del verano, el escultor viste unas botas negras estilo Chelsea, acompañadas de un jean desgastado y una gruesa polera negra estampada. Todo coronado por un cabello largo y liso, el cual peina y despeina entre preguntas.
“Fui hallado por los que no me buscaban” (Isaías 65:1).
Alonso Bello (2000) nació y creció en Santiago de Chile, y recuerda haber sido desde siempre muy creativo y sociable. “Me gustaba mucho salir a la calle, tener varios amigos, y jugar Play 2, en especial los juegos violentos como el GTA”, explica el artista. No obstante, a los doce años algo cambió en su vida: sus padres lo trasladaron de un colegio laico a uno católico. Lugar en el que comenzaría a tener ‘todo un rollo’ con la imagen religiosa, en especial después de conocer la iglesia del establecimiento, compuesta por vitrales y esculturas que contaban una historia que no conocía: “Cuando me cambié nuevamente a un colegio laico mi curiosidad por la religión continuó. Como nunca estuve mucho tiempo en un mismo lugar jamás me importó qué pensaba el resto de mí. Nunca me he censurado para poder encajar”.
Esa determinación por formar su propia identidad lo llevó, durante la adolescencia, a buscar música, libros y películas que desafiaran la norma social y cuestionaran qué es realmente lo bueno y lo malo. Como fue el caso del film ‘Funny Games’ del director Michael Haneke, que Bello vio en cuarto medio y, afirma, le abrió los ojos a oficios que exploran el lado oscuro de las personas para crear arte. “Cuando estaba en el colegio sentía una gran presión por estudiar una carrera tradicional, como derecho, ingeniería, medicina, pero a mí no me gustaban ninguna de esas cosas, sino que crear”.
Una búsqueda que terminaría por hacerlo entrar a estudiar Licenciatura en Artes en la Universidad Diego Portales. Sitio en el que comprendería, gracias a los primeros encargos, que lo suyo no era la pintura clásica, sino que la escultura y el uso conceptual del espacio. Bello relata que: “lo primero que empecé a explorar fueron los materiales de desecho, oxidados y corroídos. Me gustaba mucho la poética que hay detrás de lo abandonado, que es diferente a lo industrial o lo puro, ya que guarda una historia previa a mi intervención y luego yo nutro de un nuevo significado”.
Para dicha exploración material sería esencial la mina La Africana, edificación abandonada que se encuentra a media hora caminando desde su casa en Pudahuel, y que en algún momento llegó a producir más de 5.000 toneladas de cobre y alojar un centenar de familias. “Voy para allá desde que estaba en la universidad, en caminatas que llamo ‘peregrinajes’, y que me permiten pensar en ideas para obras además de recolectar materiales para llevarlas a cabo”, dice.
Una de ellas sería ‘Arcángel del cobalto’ (2026), escultura inspirada en el poema homónimo de Gabriela Mistral, en que se narra a un arcángel caído que, tras descender del cielo, es aprisionado en las minas de Freirina, en el norte de Chile. Por tal motivo, el artista talló un trozo de madera de eucalipto, encontrado en los alrededores de la mina, con el fin de que tomara la forma de un ala y un brazo. Las piezas fueron luego rellenadas con estaño fundido y aluminio, ensambladas y teñidas de azul cobalto, remitiendo así a la imagen descrita en el poema: “un arcángel que encarna un azul mineral metálico".
Otro trabajo inspirado en sus peregrinajes a La Africana es la performance ‘Surgirás triunfante, prometeíco’, en que el artista se filmó arrastrando dos tubos de tres metros encontrados en el lugar, hasta que quedara completamente agotado: “Fue un acto en que mi cuerpo quedó súper desgastado, lleno de tierra y también brillante por los materiales del lugar”.
20S: Es una imagen alegórica a la de Jesús arrastrando la cruz camino al calvario, ¿no?
ALONSO BELLO: Sí. Muchas veces mi arte tiene un proceso ritualístico parecido al de la religión. Yo camino sin esperar nada más que la reflexión y que el lugar me brinde lo que quiera. El paisaje de la periferia suele estar intervenido por la contaminación, pero eso mismo le brinda una belleza particular. En el caso de la minera hay un juego de colores que se da gracias a la descomposición y corrosión de los materiales, parecido a una pintura, con colores marrones, anaranjados, resultado de muchos minerales tóxicos.
Además del paisaje propio de la periferia de la capital de Chile, el escultor nombra como inspiración a los pintores Anselm Kiefer, que refleja en su trabajo la destrucción de los paisajes y el sufrimiento de los niños en la Segunda Guerra Mundial, además de Mark Rothko, de quien rescata el uso del expresionismo abstracto como experiencia religiosa.
De igual forma, la literatura y la poesía han sido una gran fuente de referencias para sus instalaciones, en especial Roberto Bolaño, Rimbaud, Baudelaire, Bukowski, Pizarnik y el chileno Rodrigo Lira, de quien tomó el nombre ‘STP’ de uno de sus poemas para nombrar así su primera exposición individual. “STP es la marca de un aceite de motores que yo veía a diario en mi taller que quedaba en el barrio Diez de Julio, y que el poeta transformó en un acrónimo para ‘Solo Tendrás Piedras’, que es una frase que me inspira mucho porque me recuerda que para allá vamos todos y todo, a convertirnos en sólo piedras”.
20S: Toda tu obra tiene un fuerte carácter filosófico.
AB: Puede ser porque cuando estaba estudiando la licenciatura tomé además un diploma en Filosofía, en el que tuve cátedras de Marx, Heidegger y Kant. Me gustaba porque me permitió explorar justamente esas cosas que la gente piensa, pero que no tienen una respuesta concreta.
20S: Siendo Dios una de esas ramas en que no hay respuesta exacta, ¿por qué crees que continúa siendo un tópico recurrente en el arte aún para personas no religiosas?
AB: Creo que tiene que ver con la necesidad de la humanidad de seguir creyendo en algo, de que algo nos va a salvar.
20S: ¿Te consideras una persona creyente?
AB: Creo que no estamos solos, que hay algo superior, como la naturaleza y su belleza que nos rodea, también las personas y la energía en general. De todas formas, tengo algo con las imágenes religiosas, su composición y construcción histórica. Me generan miedo pero también ganas de entender de qué se tratan… A pesar de que nunca leí la biblia.
“Dediqué mi corazón a inquirir y buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo” (Libro de Eclesiastés 1:13).
En enero de 2023 se inauguró en Santiago centro la exposición colectiva de egreso ‘Carácter’, en la que Bello mostró su trabajo ‘Adiós, Corrupción’, que habla sobre su experiencia con la religiosidad a través de diferentes piezas artísticas.
Entre las piezas destacaba ‘Oración de atardecer’, compuesta por un alambre de púas oxidado que el artista desplegó en el espacio tocando tanto el techo (que iluminó con luces en tonos anaranjados y azulados) como también una foto en la pared que el mismo Bello se había tomado en la sala de exposición minutos antes. Frente a ella, se encontraba ‘Pintura corruptiva #2’ que trata de una plancha de metal de tres metros de largo, marcada con serigrafías de cardos –fotografiados por el mismo artista– que fueron oxidadas a través de ácido clorhídrico. Al lado, ‘Artefacto #1’ consistió de un sistema de bombeo que permitía mover agua hacia el cielo del espacio para luego dejarla caer en un vidrio grabado con imágenes de cardos. Finalmente, ‘Sacrosanta identidad’ proponía un pilar de concreto el cual sostenía un autorretrato de Bello a escala 1:1 en vertical, inspirado en la obra ‘El Cristo muerto’ del artista Hans Holbein.
20S: ¿Crees que el hecho de que Chile sea uno de los países más laicos dentro de la región afecta en la manera en que el público lee tu trabajo?
AB: Siento que no me importa lo que piense la gente de mí o mi obra mientras yo sea honesto con mi camino. No me importa si me dicen facho por trabajar con la religión. Lo que a mí me interesa es que lo que siento se vea reflejado en mi obra.
20S: Hay una obra tuya que ha circulado harto en redes sociales…
AB: ¿Todo ángel es terrible?
20S: Justamente, ¿podrías hablar de ella?
AB: Está inspirada en el libro ‘Elegías de Duino’ de Rainer Maria Rilke, que hace una comparación entre las aves y los ángeles, ya que ambos viven en el cielo y, por tanto, están más cerca de Dios que los seres humanos. En el mismo periodo en que estaba leyendo eso fui a visitar a un amigo que tenía unas alas de pelícano en desuso en su casa, así que se las pedí. Con ellas fui armando la escultura que también contempla materiales que encontré por Diez de Julio, como cajas de cambio, ejes mecánicos y piezas de auto. La idea es que la obra muestre cómo desde lo industrial y abandonado puede ir surgiendo algo orgánico y perfecto que, desde mi perspectiva, es lo más cercano a Dios.
Actualmente, Bello se encuentra trabajando en una nueva exposición para finales de abril de 2026, la cual tendrá como centro ‘Todo ángel es terrible’ y espera contraponer lo orgánico con la capacidad sintética que tienen las impresoras para crear las imágenes que saturan las ciudades modernas. “Es una relación por contraste, entre lo que fue creado por el ser humano y algo que tiene un origen natural o, por qué no, divino. Ambas son naturalezas muertas en definición pero su origen y simbolismo es distinto”, dice Alonso.