1982. Norte de Chile. Un pequeño pueblo minero y una cantina travesti que vive bajo el peso de una superstición: que las transformistas transmiten una misteriosa enfermedad con solo mirar a los ojos. La peste. El relato del director chileno Diego Céspedes utiliza la construcción de una fantasía para hablar del miedo, el estigma y la violencia. Flamenco, “la que durante el día es muy hermoso y que durante la noche es extremadamente bella”, es quien queda en manos de Catalán.
Hay personas que se dan cuenta de su vocación actoral arriba del escenario, pero en el caso de Matías Catalán (29), las señales estaban claras desde que tiene memoria.
La primera vez que fue al cine fue a sus dieciséis años, mientras que la primera vez que pisó el teatro fue a sus dieciocho. Sin embargo, desde muy niño recuerda ver las teleseries y saber que ese era el destino que la vida le tenía preparado.
A pesar de tener un par de millas en su viaje –como menciona él refiriéndose a su carrera– previo al filme de Céspedes, La misteriosa mirada del flamenco fue, sin lugar a dudas, la experiencia que lo transformó todo y le abrió las puertas para comenzar una trayectoria llena de éxitos. Doce semanas en cartelera y con un galardón del festival internacional de cine más importante del mundo, la película llegó a hablar no solo del miedo y el estigma, sino del talento que existe en la industria cinematográfica chilena.
De dotes actorales exquisitos, capaz de representar la fiesta del transformismo, el dolor de una enfermedad y el amor de una madre, Catalán nació para ser el Flamenco y Flamenco nació para habitar en Catalán.

Región del Libertador General Bernardo O’Higgins
Hijo de un obrero de la construcción y de una dueña de casa, fue en Santa Cruz que Matías nació y vivió la mayor parte de su vida. Con un poco más de 40.000 habitantes y a 180 kilómetros al sur de Santiago, el actor creció lejos de la gran ciudad y completamente ajeno a una escena teatral.
20S: ¿Cómo llega el arte a tu vida? ¿Por dónde aparece?
MATÍAS CATALÁN: No sé. Mi hermana es mucho mayor que yo, se fue muy temprano de la casa y me quedé yo solo con mis papás. Con mi mamá lo que hacíamos todas las tardes era ver las teleseries de TVN, las de Vicente Sabatini. Me enamoré mucho de los personajes, de los que armaba el Alfredo, la Amparo. Encontraba mucha magia en lo que ellos hacían, como que los veía y decía “oh, qué ganas de poder explorar eso”. Sobre todo en ellos dos, porque se transformaban mucho de una teleserie a otra. Eso lo encontraba increíble, y me hacía muchas preguntas: “¿Cómo lo harán? ¿Habrá alguna forma o alguna técnica?”.
El intérprete de Flamenco explica que estuvo en colegios municipales, cuyos fuertes y enfoques jamás fueron el arte y carecían de talleres de teatro. Su máximo vínculo era pintar en la asignatura de arte o tocar la flauta en música. La falta de experiencia en las tablas fue lo que lo detuvo a la hora de contarle a sus papás que quería ser actor: “¿Cómo voy a estudiar algo que jamás he hecho?”.
Cambio en cambio
A los dieciocho años hizo su primer curso de teatro en la Municipalidad de Santa Cruz. Dos semanas que le cambiaron la vida. Según él, la actuación le respiraba encima de la nuca y pasaba por su cabeza todo el tiempo. Lo que se le hacía muy extraño, pues jamás había actuado hasta ese entonces.
MC: Hicimos una muestra cuando terminamos el curso. Me fue a ver mi prima y mi cuñado. Al salir me dijeron algo así como: “Oh hueón, erís muy bueno, la cagaste”. Mi cuñado me pidió un autógrafo y me dijo: “Esto lo voy a guardar para cuando seas famoso”. Todavía lo tiene guardado.
20S: ¿Y qué tanto se te venía el teatro a la mente?
MC: Todo el rato, pero era muy loco porque nunca en mi vida había actuado. Siempre me preguntaban, “¿Cómo sabes si eres bueno? ¿Cómo sabes si tienes talento?”. Y yo decía, “no sé, pero siento algo que me tira”.
Matías cuenta que todas estas conversaciones eran con amigos, pues no se atrevía a hablar el tema con sus padres. Eventualmente, recibiría la gratuidad y el estudiar actuación sería una “pérdida”, pues le costaría vivir de ello.
Sin saber muy bien el porqué, una vez terminado el colegio, se vio matriculado en la carrera de Derecho en Valparaíso. “Viniendo de una familia de clase proletaria, teniendo gratuidad, teniendo la oportunidad de ir a la universidad, no es posible dedicarte al arte. Estudiar teatro era desaprovechar la oportunidad que nadie en mi familia había tenido”, explica Catalán, pues su hermana y él serían los primeros profesionales de su familia.
20S: Sobre todo cuando hay una carencia de redes de contacto.
MC: Total, yo creo que mi papá pensaba “¿Quién te va a dar trabajo a ti? Yo trabajo en la constru, tu mamá es dueña de casa, tu hermana es trabajadora social y eres de región, más encima, de un pueblo que la mayoría de la gente no conoce, donde no hay teatro”. Como que todo estaba en mi contra.

Dos meses, una sola prueba y bastantes fiestas le hicieron darse cuenta de que no había chance de dedicarse a la abogacía. Llamó a su padre, lo fue a buscar a Valparaíso y conversaron: PAPÁ: ¿Qué te pasa? / MATÍAS: Quiero ser actor. / PAPÁ: Pero si nunca has actuado. / MATÍAS: Quiero serlo.
En medio de un acuerdo, su papá le dio dinero para viajar a Santiago y averiguar cómo lograrlo. Mientras que su madre, con el susto de que no recibiera retribución alguna, lo echó de su casa. Durante lo que quedaba del año, Matías debía trabajar y nutrirse lo más posible antes de entrar a estudiar actuación en la Sala de Teatro de la Universidad Mayor.
MC: Al entrar a estudiar tuve que ponerme súper al día, porque tenía compañeros que eran de Santiago, que venían de colegios artísticos, que actuaban desde los cinco años. Para mí, el primer año en la universidad fue muy difícil. Siempre tuve algo en mi interior que me decía que podía, pero sabía que me faltaban muchas herramientas que otras personas tenían y muchos profesores también me lo hicieron saber. No fue fácil aclimatarme a la universidad.
Matías cree que, en cierto sentido, fue el activismo lo que lo hizo subsistir [sumado a las buenas amistades que lo ayudaron]: “No quería hacer la hueá por hacerla, quería contar algo y algo con un trasfondo, porque puede ser que yo no tenía la técnica perfecta, pero había vivido cosas que, probablemente, otros no habían vivido”.
En el camino encontró buenos amigos y buenos profesores que le permitieron pulir su oficio. Destaca haberse topado con la maestra Claudia Cabezas, que más tarde sería su coach para desempeñarse como protagonista en la cinta de Céspedes, como Flamenco (o, mejor dicho, la responsable de que Matías llegara a ese personaje).
20S: ¿Sientes que ha ido madurando tu actuación con el paso del tiempo?
MC: Mucho. Es impresionante, y cada vez me convenzo más de que mientras más grande uno estudie teatro, mejor. Siento que para ser actor, es muy importante vivir o mirar la vida, cómo evoluciona.

Bloqueo. Atasco. Interrupción. Obstrucción. Matías cree que pasar la barrera de los 25 años fue de las mejores cosas que le han pasado. Una vez terminada su carrera universitaria, le costó la tolerancia a la frustración de entender el error como elemento presente y constante: “Me da lata equivocarme en la pega porque es como lo único que sé hacer y es lo que elegí, es lo que estudié, no debería equivocarme. Me pasaba mucho cuando recién salí de la universidad, sentía que estaba todo el rato desapegado de lo que estaban haciendo los demás”. Aún recuerda una vez que estuvo más de una hora haciendo una escena corta de un personaje secundario.
20S: Pero ¿a qué te refieres con que te gustó pasar de los 25? ¿Es porque sientes que has encarnado más las cosas que pasan? ¿Necesitabas vivir más cosas para poder actuar?
MC: Sí, y la madurez me ha hecho escuchar más, y no solo en el trabajo, también en la vida. Antes de los 25 quería ir, ir, ir y estaba como caballo de carrera, “hagamos esto” o “voy”. No miraba lo que estaba haciendo, ni por qué lo estaba haciendo. En cambio, ahora, tengo la tranquilidad de escuchar. Escuchar a mi director, escuchar a mis compañeros, escuchar también lo que está pasando a nivel de industria. Obviamente, en las primeras producciones, en los primeros ensayos teatrales quería demostrar que yo podía, también porque me costó mucho llegar a ciertos lugares, entonces quería demostrar que no se habían equivocado conmigo.
20S: ¿Y sientes que esa demostración te nublaba?
MC: Mucho, yo todavía pienso “yo no debería estar acá”, pero el síndrome del impostor está todo el rato.
Cuando se cierra una puerta...
Pareciera que el refrán “cuando se cierra una puerta, siempre hay otra que se abre” sería aquello que marcaría el camino de Catalán. Meses previos a su selección como protagonista, Matías había audicionado para ser un personaje secundario, parte de los niños que molestan a Lidia. La respuesta fue no, pero probablemente (mejor dicho, efectivamente) porque la vida le tenía preparada otra cosa.
Cuatro meses después, recién terminada la grabación de Oro amargo, le llegó la propuesta de presentarse como Flamenco, el personaje principal de esta película, cuyo rol es el de una madre transformista que está viviendo un complicado momento de salud tras contraer “la peste”. Su profesora, Claudia Cabezas, había recomendado su perfil.
En ese momento, el actor se desempeñaba como paciente simulado y, día a día, debía ir a una universidad para actuar ante estudiantes de medicina distintos pacientes con distintas enfermedades, y ellos debían decirle a sus profesores los diagnósticos que determinaban pertinentes: “Tienes que llegar a las ocho de la mañana hasta las dos de la tarde. Pasa un estudiante, son quince minutos de improvisación, se va, entra otro, haces lo mismo, y así. Tienes como dos minutos entre una presentación y otra”.
Cabe destacar que días previos a esta simulación, el director de la película (y hoy jurado de Cannes) le había dicho a Catalán que se reunieran. Céspedes le comentó que estaba entre él y alguien más, y le preguntó si estaba dispuesto a bajar de peso y dejarse largo el pelo para el rodaje.
MC: Estaba esperando un no. Siempre estoy esperando que me digan que no. En ese momento estaba simulando a un paciente que tenía esquizofrenia y estaba con un brote. Tenía mi celular encima de la mesa y vi que me estaba llamando Diego Céspedes. Empecé a botar las cosas, me volví loco, uno sabe que el director no te llama para decirte que no. Sin embargo, no pude contestar.
Matías sentía desesperación y su celular seguía sonando. La alumna diagnostica a Matías y se va. En esos dos minutos recibe una nueva llamada: Roberto Matus, director de casting.
Siguió actuando durante toda la mañana. Aún no sabe cómo lo hizo, pero el show debe continuar.

LMMDF

Todos los días, entre las seis y las nueve de la noche, encendía la cámara del celular, se vestía como Flamenco e improvisaba y ensayaba escenas. Exploraba la voz, la manera de caminar, la relación con Lidia, con Giovani y con Boa. Observaba a su mamá. Observaba a todo el mundo en búsqueda de aspectos que permitieran una construcción íntegra del personaje. Todo quedaba registrado en videos y cuadernos que hoy conserva como una bitácora.
20S: ¿En qué consistió tu preparación? ¿Cómo te sentías antes de empezar la grabación?
MC: Pensaba todo el rato que me iban a sacar, que no iba a dar el ancho. Es el síndrome del impostor, así que en un momento pensé: “¿Qué hago para que esta hueá se acabe?”. Lo único que podía hacer era prepararme; mientras más me preparara, menos iba a sentir que no servía. Empecé a hacer todo este trabajo, que en realidad fue súper interno.
Si bien para construir a Flamenco miró mucho al resto, Matías también tuvo que buscar dentro suyo, que intentaba atravesarlo por su historia, por cosas que había vivido o que había visto. “Intenté encontrar esta esencia de este personaje en mí, a pesar de que claramente las cosas que le pasaron no me han pasado a mí, pero teníamos mucho en común”, explica.
Partió a Santa Cruz para hacer su dieta y durante esos dos meses practicó con su sobrina, que el intérprete afirmó que a veces tiene un carácter similar al de Lidia, lo que le permitió ir imaginando el vínculo en su mente.
20S: Mencionas que también hay muchísima introspección. ¿Qué es lo que encuentras más similar entre Matías y Flamenco? O mejor dicho, ¿qué hay de ti en Flamenco?
MC: Yo creo que soy una persona que necesita recibir mucho amor, y lo recibo, de eso no me puedo quejar, pero también doy mucho amor. Flamenco es una persona que da mucho amor y también necesita recibir mucho amor, pero claro, la diferencia es que no recibe todo el amor que quisiera recibir.
De un día para otro, la grabación había terminado. Matías cuenta que se miraba al espejo y no se reconocía, que era tal el cambio que evitaba salir a eventos sociales que no fueran puntuales. Una vez finalizado el rodaje, debió asegurarse de que no habría que volver a grabar ninguna escena para poder cortarse la melena que se había dejado crecer. Fue Céspedes quien le dio el sí.
El resto ya es historia; siete premios y 19 nominaciones. Incluso ganadores de Un Certain Regard en el Festival Internacional de Cannes, categoría que presenta el trabajo de jóvenes autores.
20S: ¿Por qué consideras que es importante ver este western de los años 80 en esta década? ¿Qué quieres que la gente se lleve de Flamenco?
MC: Me pasa que en este año que llevamos mostrando la película en festivales, ha ido evolucionando lo que quiero que la gente se lleve de la película. Sobre todo con el ambiente actual. Sin embargo, si me preguntas hoy, quiero que la gente se dé cuenta del poder que tiene el otro en uno, lo necesario que es tener a un otro para poder resistir, para poder sobrevivir y para poder ser feliz.
20S: ¿Esto es una alusión para las chicas de la cantina en la película?
MC: Sí, y a los colectivos en general. Darte cuenta de que, por muy penca que sea el mundo contigo, siempre puede haber alguien que te puede dar amor y siempre le puedes dar amor a alguien. Sobre todo es un llamado para la gente que está en una situa- ción de privilegio, creo que esta película es una posibilidad para que se den cuenta de que es necesario abrir la mirada, mirar más allá, ver quiénes no lo están pasando tan bien y darles amor, tener empatía, apañar y generar un colectivo.
Este colectivo, esta familia elegida o esta tribu que se puede generar entre las personas que no están dentro de los cánones son sumamente fundamentales hoy en día, pues según Matías, pare- ciera que en el último año, se han retrocedido cinco décadas de pensamiento. “Por eso creo que la película llegó a movilizar algo, no solo en Chile, sino que en el mundo entero”.
20S: ¿Cómo definirías la experiencia de representar a Flamenco en una palabra?
MC: Transformadora, completamente transformadora.
La película “La misteriosa mirada del Flamenco” ya está disponible en MUBI. Ve gran cine.

