Un ramo de hermosas rosas rojas (pero falsas), un alerón listo para montar (en el cuerpo) y un iPod rosado (que en realidad es un vestido). Esos son solo algunos de los ejemplos del trabajo de la artista plástica –énfasis en plástica– Alexia Macarena (Santiago, 2001), quien gracias a su uso de la resina e imaginario bubblegum pop se ha ganado un sitio en el circuito under de Santiago. A su corta edad, ha participado en diferentes exposiciones colectivas e individuales, tanto en galerías como en concept stores: “Ple/bellas” (2025), “Criaturas Extraordinarias” (2025), “De Fantasía” (2025), “Quinta” (2025), “Tóxicas” (2024), “Fast 1224” (2024), “Histerya Colectiva” (2024) y “Caos” (2023).
El estudio de Alexia Macarena queda en un edificio típico del sector oriente de Santiago, cruzando un largo pasillo pintado de un duro blanco invierno, que finaliza en una puerta entreabierta y de la cual sale una luz cálida que invita a acercarse. Ya adentro, el frío edificio desaparece para dar paso a paredes saturadas de rosado, peluches de la marca japonesa Sanrio y música pop.
“Hola”, dice la artista, con una voz dulce, casi infantil, que encaja perfecto con el olor a popcorn recién horneado que emana del lugar. Vestida en un cómodo conjunto en tonos pastel, coronado por un sweater que parece hecho de algodón de azúcar, apunta hacia una pequeña mesa con sillas en el living.
Una vez sentados, y solamente separados por unas tazas de té y chocolates para compartir, Alexia toma aire y comienza a hablar de la nada. “Poco a poco he entendido que soy como una respuesta al trauma”, responde a los pocos segundos de darle play a la grabadora. Una conclusión que probablemente venía masticando desde hace días, luego de retomar las sesiones con su psicóloga.

VALPARAÍSO
“Viví toda mi infancia y adolescencia en Curauma, que es básicamente un suburbio –en el sentido gringo de la palabra– de Valparaíso. Fui a un colegio particular que quedaba a pocas cuadras de mi casa y estudié con los mismos diez compañeros hasta que salí de cuarto medio. Toda mi vida se reducía a ese lugar. Pero yo siempre sentí que quería algo más, algo diferente, aunque ni yo sabía qué ni dónde buscarlo. Por eso mismo, pasé toda mi juventud infeliz”.
Quizás por eso, explica, es que necesitó construir un universo propio donde pudiese ser más libre. Un mundo compuesto por maquillaje, ropa y referencias visuales que conocía gracias al internet y que se alejaban de los intereses de su entorno. “Siempre fui una niña artística, aun cuando vengo de una familia que no sabe nada de arte. Eso me llevó a que en el colegio terminara siendo la encargada de las diferentes actividades extraprogramáticas. Amaba hacer las escenografías de las obras, armar los vestuarios y montar los shows que se hacían a lo largo del año. Eso mismo hizo que confirmara los gustos que me acompañan hasta el día de hoy, porque yo no soy de esas personas que ahora son alternativas, pero ves sus fotos antiguas en redes sociales y te das cuenta de que antes eran súper zorronas. Mi obra siempre ha sido sobre el rosado, el plástico y el brillo”.
Sin embargo, a pesar de su esfuerzo por encajar en el lugar donde le tocó crecer, Alexia pasó la mayor parte de su enseñanza media con depresión. Llegó a un punto en que se rehusó a participar tanto de las actividades extraprogramáticas como a realizar las tareas obligatorias de la formación académica. “Siempre sentí un vacío mientras crecía”, recuerda.
El colegio pareció leer esta situación como falta de compromiso. Así, a final de año, al momento de otorgar el diploma de “alumno destacado en arte” —disciplina en la que Alexia había sido una de las estudiantes más involucradas— se lo entregaron a otra compañera.
“Me di cuenta de lo que estaba pasando mientras anunciaban los premios. Ahí entendí que nadie había visto lo mal que lo estaba pasando, que para ellos simplemente había dejado de participar. Cuando escuché que el reconocimiento se lo daban a otra persona, me levanté de la silla y me fui. Salí del colegio prometiéndome que nunca más iba a volver. Por eso, cuando terminé cuarto medio y llegó la pandemia, aproveché ese tiempo para descansar y pensar qué era lo que realmente quería hacer con mi vida”, explica Alexia.

SANTIAGO
Un año después, y con las ideas más claras, decidiría volver a la ciudad que la vio nacer, para así estudiar Licenciatura en Artes Visuales en la Universidad de Chile, escuela marcada por una línea hiperintelectual –con egresados como Eugenio Dittborn, Voluspa Jarpa y Gonzalo Díaz– y que Alexia siente que le dio la gravedad que necesitaba para así complementar su estética más “digerible”.
Este paso por la institución, no obstante, estaría lejos de ser perfecto. Ya que en medio del contexto progresista de 2021 —o “woke”, como ha pasado a llamarse despectivamente— las obras cargadas de feminidad plástica de la artista generaron incomodidad entre sus compañeros, apuntando a que no existía reflexión histórica en su catálogo o que, supuestamente, reproducía la heteronorma patriarcal.
“Obras como ‘Trofeo’, que es una escultura de un bikini y unos tacones con forma de mandíbula, o ‘Contour’, que son máscaras que buscan hablar sobre la homogeneización de la belleza, no cuadraban con el estilo de la Chile, que tiene un interés marcado por hablar sobre el pasado”, explica la artista. “En cambio, mi obsesión siempre ha sido lo contemporáneo: las redes sociales, el consumo, el mall y el capitalismo, que generan tópicos como el deseo, lo aspiracional y el hiperconsumo que se terminan evidenciando en la nueva religión del ‘manifestar tu vida’. Y todo eso puede parecer superficial si no quieres o puedes mirar más allá”.
Alexia se detiene un momento para cambiar la música. Elige otra canción pop antes de continuar. “En la universidad mi búsqueda tenía que ver más con entender cómo materializar mis ideas que con descubrir qué me gustaba o interesaba; eso nunca lo dudé. Mi trabajo explora algo tan simple como es el ser mujer hoy en día”.
20S: ¿En qué sentido?
AM: Las lógicas de poder están en todas partes, no solo en lo estrictamente político, y el deseo juega un gran papel en cómo se domina a la mujer a lo largo de su vida. Por ejemplo, hice una obra que se llama “Juguete” (2024), que es un colgador con diferentes prendas que representan el proceso en el que una niña se va convirtiendo en adulta, y cómo la mirada de los hombres va moldeando el cómo las mujeres se visten: si quieren parecer menores o mayores, sexuales o inocentes.
20S: Es como que la ropa y los accesorios terminan siendo un arma de doble filo para las mujeres.
AM: Exactamente. En el sistema neoliberal, el consumo y lo superficial son formas de validarse frente a los otros, blindarse a ataques. Eso está mucho más claro en una obra que hice junto al artista Joan Joao, ‘Neceser’ (2024), que es un armazón que parece un vestido clásico de cocktail rosado, pintado con logos de marcas y productos de belleza virales, buscando con eso sacar a relucir justamente las cosas que la gente compra y se pone para sentirse parte de la sociedad, sin importar si es bueno, malo o le gusta realmente.

EL MUNDO
Afuera ya oscureció, y el viento de los primeros días de otoño se cuela por un ventanal entreabierto del departamento. Alexia se para, lo cierra y pone una canción de Britney Spears. “Mi trabajo es como esa típica frase de que el hombre piensa en hacer un té, mientras que la mujer piensa en cómo se ve ella haciendo el té. En mi caso, cuando planeo una obra, tengo toda una crítica y teoría de base, que va dirigida a las mujeres, pero también busco hacer lo más pulcro posible el acabado y los colores, de manera que incluso a los hombres les guste, incluso si los estoy criticando”, se ríe.
Para esto último, Alexia ha experimentado con distintos materiales, especialmente la resina –técnica en la que hoy se considera experta– mezclándola con técnicas clásicas del teatro, el cosplay e incluso de la construcción de casas, que ha ido aprendiendo tanto de amigos como de internet. Una obsesión por los detalles que ha terminado por elevar su trabajo hasta el punto de que artistas como Paloma Mami, Polimá WestCoast, Isabella Lovestory, AKRIILA, Denise Rosenthal, Kidd Voodoo, Cris MJ y Loyaltty le han encargado piezas con el fin de incluirlas en videos y conciertos.
“Siempre había querido ser anónima, una obrera del arte no más, pero poco a poco empecé a hacerme más pública, a mezclar mi cuerpo con mis obras, que trataban el deseo, la aspiración y la sexualidad”, un hecho que, asegura, terminó por desdibujar su persona real con la virtual. “Muchas personas confunden qué parte soy yo y cuál es el arte o la performance; incluso a mí me pasa a veces. Soy loca por mi trabajo, así que paso días investigando los temas que voy a tratar, llegando incluso a insertarme en esos mundos para así entenderlos de mejor manera”.
20S: ¿Cómo así?
AM: Por ejemplo, el último trabajo que hice en la universidad fue “Body Kit”, que es un alerón que se instala en el cuerpo. Yo no sé nada de autos, no me interesa, pero entiendo que son un símbolo del éxito en el sistema capitalista, así que tenía sentido que hablara de él. Por eso quise hablar con personas que les gustasen los autos y supieran de alerones, para que me explicaran cómo funcionaban y de qué estaban hechos.
20S: ¿Ellos sabían de qué iba la obra?
AM: Sí, pero pasa harto que a muchos hombres les gusta esa obra aun cuando es una crítica a la cultura machista. Me pasó lo mismo con “Tóxicas”, que trata de las micros de la V Región, y cómo muchos conductores han creado micromundos dentro de ellas donde se sexualiza a las mujeres a través de stickers, frases o música, y que todos debemos soportar por tratarse del transporte público oficial. Algo que, irónicamente, atrajo a micreros y camioneros a mis redes sociales y exposiciones, porque probablemente no entienden que es un chiste sobre ellos.
Otra de sus obras que funciona bajo la misma lógica es la de las “rosas buchonas", que creó inspirada en su propia experiencia. “Era un día de San Valentín y noté que todas las pololas del grupo de amigos en el que estaba habían recibido el mismo tipo de arreglos florales de rosas rojas por parte de sus novios, pero nadie parecía notarlo o importarle”.
“Ahí entendí que tanto para ellas como para ellos ese regalo significaba amor”, continúa Alexia. “Pero no se dan cuenta que realmente solo están haciendo lo que la publicidad les dice que hagan. Sólo reproducen la idea de una buena relación sin tener que vincularse más allá de lo superficial. 14 de febrero, rosas rojas, París, todos esos clichés son sistemas de afectos capitalistas, y es justamente lo que yo analizo y critico en mi trabajo”.
20S: ¿Crees que hay gente que no entiende tus obras y asume que solo son bonitas o decorativas?
AM: Obvio, de hecho, las rosas buchonas terminaron atrayendo a personas que probablemente no tienen idea de que se trata de una crítica, como una modelo de OnlyFans que incluso me escribió para que le hiciera unas flores para así adornar su living. Pero incluso en las artes se piensa eso, y creo que subyace en que cualquier obra que hable sobre la feminidad siempre es vista desde una óptica donde se asume que la artista no está al tanto de lo que está haciendo, que es tonta.
20S: ¿En qué sentido?
AM: Que, al final del día, no importa realmente si yo trabajo obras con una estética feminista más clásica o una más liberal, porque pareciera que ser mujer es perder. No importa si eres empoderada, ganas plata, logras influir en el público o eres una gran intelectual, el hombre siempre parece ganar. Ese es el verdadero problema y, por eso, desde hace un tiempo me he comenzado a definir como una feminista depresiva.
20S: ¿Te consideras depresiva?
AM: Siempre he sido medio existencial. Mi familia me ama y siempre me ha apoyado en todo. Pero a veces creo que hubiese sido más fácil para ellos que yo hubiera sido alguien sencilla, que se llevara bien con todos, que no se hiciera problemas, que fuera más piola… y les salí yo: artística, depresiva, agrandada, maquillaje, ropa, rosado.

EL FUTURO
Alexia se sirve un poco más de té mientras cuenta detalles off the record de su última relación, la cual la hacía sentir “poco estimulada” y rara. “Es muy cuático porque creo que la primera mitad de mis veintes se caracterizó por sentir que podía elegir qué es lo que iba a pasar en mi vida”, reflexiona. “De hecho, recuerdo muy bien que el 2020 creé una imagen en mi cabeza de lo que quería que pasara en los próximos años”.
20S: ¿Y se hizo realidad?
AM: Sí, todo. Es como que atraigo las cosas de alguna forma. Para bien o para mal, todo está saliendo tal cual como me lo imaginé a inicios de esta década.
20S: ¿Y te gusta vivir en este tiempo?
AM: Me agrada. El internet me hace sentir que todo está súper conectado y, por lo mismo, pareciera que todo está más cerca o accesible. Pero, al mismo tiempo, la vida se ha vuelto cada vez más agobiante, por la competencia y los estímulos constantes. Siento que es muy fácil desdibujarse, no saber quién o qué eres, por eso es importante tener algo que te vincule al presente, algo concreto, que en mi caso son los materiales con los que trabajo, los cuales me obligan a mantenerme quieta y consciente de lo que estoy haciendo.
Actualmente, Alexia Macarena se encuentra trabajando en su próxima exposición solista en LOCAL Arte Contemporáneo, espacio que fue rediseñado por el arquitecto chileno, ganador del premio Pritzker (2026), Smiljan Radic, y que tiene como principal característica que sus salas se encuentran llenas de agua, por lo que sus visitantes deben caminar a través de ella con trajes aislantes para poder ver las obras.
“No puedo contar mucho, pero sí puedo decir que será diferente a todo lo que he expuesto. Será una muestra inmersiva diseñada para que todo el mundo pueda disfrutarla, muy conectada con la infancia, el jugar, la moda y los sentidos”, explica.
Aun cuando la entrevista termina oficialmente, Alexia sigue hablando durante una hora más. Sobre por qué ya no escucha cierto tipo de música, qué ropa se compró en una boutique vintage de Miami y cómo, tarde o temprano, el mundo “va a explotar”. Al salir del departamento, el sonido de la música pop, el rosado y el olor dulce van desapareciendo poco a poco, mientras que Santiago continúa viéndose igual de gris y normal.

